Sylvia Ithurralde
Maestra
¿Cómo era ese lugar?
«...la identidad es una condición que refleja la existencia de algo en el espacio geográfico, es un sentimiento de apego a ese algo, que une a los individuos en torno a él. [...] Así, un lugar es un espacio de identidad diseñado por las experiencias de los individuos que antecedieron en su ocupación y que fueron dejando huellas en la organización de su territorio. El lugar es por lo tanto producto de tiempos sucesivos que se engloban en la historia, la tradición, y la cultura.»
Córdova Aguilar (2008:6-7)
Es desde esta concepción que nos proponemos recuperar distintas miradas al paisaje que lentamente se convertiría en lugar, al espacio geográfico donde en determinado momento se comenzaría a construir la ciudad de Montevideo.
Se reúnen algunas fuentes: relatos de viajeros, documentos, planos, crónicas, historias, pinturas, que interactúan con diferentes disciplinas, y que se espera resulten válidas y útiles en la construcción del objeto de estudio que se planteen los niños o presente el docente.
Se trata de abordar indirectamente el espacio geográfico previo al proceso fundacional de Montevideo, que le dio originalidad a esa zona y repercute en el presente.
«...todo estudio histórico entraña hacer una selección, una minúscula selección, de algunas cosas partiendo de la infinidad de actividades humanas del pasado y de lo que afectó a tales actividades.»
Hobsbawm (1998:73)
Las fuentes seleccionadas serán analizadas, comparadas entre sí, contrastadas, cuestionadas a efectos de ser interpretadas, de obtener de ellas las ideas más significativas y, de este modo, la mayor información posible.
Las tres primeras describen el paisaje de ese espacio geográfico en forma estática, casi sin interrelacionar; lo hacen desde otra cultura, con diferentes finalidades y, quizás, con miradas afectivas y anímicas propias del sentir extranjero.
El paisaje desde los primeros navegantes
Dos participantes de la expedición de Gaboto a nuestras costas en 1527 informaban:
«“Y a la boca del río están los jacroas [se refiere a los charrúas], que es una gente que se sostiene de montería de venados y de otros animales llamados apareaes [apereás o conejillos de Indias]..., y también tiene esta gente muchos y buenos pescados de aquellas riberas y costas. Hay en aquella tierra unas cebolletas debajo de tierra, que es buen manjar para los naturales y aún para los españoles [¿los macachines?]...; hay raposos y corzas a manera de lebreles, como leones pardos [pumas]”.» (Historia general y natural de las Indias, 1535 apud Vidart, 1968:37)
El navegante y explorador portugués Pedro Lopes de Sousa fue quien por primera vez describió el paisaje donde se fundaría Montevideo.
«Lunes 23 de diciembre. Salí fuera del estero; como venteaba mucho viento sudeste me metí en un puerto situado al oeste del monte de San Pedro (actual cerro de Montevideo); este monte tiene un puerto al este y otro al oeste; aquí desembarqué y me adentré en tierra; maté muchos avestruces y venados y subí con toda la gente a la cumbre del monte de San Pedro, desde donde veíamos campos hasta donde alcanzaba la vista, tan llanos como la palma de la mano; y muchos ríos, arbolados a lo largo de ellos. No se puede describir la hermosura de esta tierra; son tantos los venados, gacelas, avestruces y otras alimañas del tamaño de potros recién nacidos y de su aspecto que el campo está todo cubierto de esta caza; nunca vi en Portugal tantas ovejas ni cabras como venados en esta tierra. Por la tarde retorné al bergantín. Diario de viaje, 1531.» (Lopes de Sousa apud Vidart, 1968:36)
El paisaje desde el relato de viajeros
Distintos navegantes y viajeros desembarcaron en la zona y registraron sus experiencias en diarios, entre ellos el naturalista y botánico francés Louis Feuillée cuya misión era conocer los árboles y plantas del Nuevo Mundo para su posible uso comercial y medicinal. En octubre de 1708 armó el campamento en la bahía de Montevideo junto a...
«...una barranca en la que fluía un manantial de agua límpida y clara [...]
Pasé casi todo el día formando un jardín a lo largo de la barranca. Tras de haber arrancado los yuyos y dejado la tierra en condiciones de recibir nuevas simientes, formé varios compartimentos en los que sembré lechuga, perejil, etc., y unos doce días más tarde comenzamos a comer ensaladas, rabanitos, luego repollos y muchas otras legumbres que indemnizaron el trabajo.» (Feuillée, 1708 apud Vidart, 2013:270-271)
En la transcripción que realiza Vidart no hay referencias a la flora nativa, pero sí una interesante descripción de la zona.
«Durante nuestra estada a orillas de este enorme río nuestras agradables diversiones transcurrieron en la cima de la montaña Monte Vidio. Desde allí veíamos toda la parte sur bordeada por las aguas del río que se confundían con el cielo en la línea del horizonte. Del lado norte era una extensa llanura cubierta de flores cuya diversidad de colores ofrecía un contraste admirable. Esta planicie se perdía en el horizonte, confundiéndose con el cielo. [...] Las vacas andan en tropas de doscientas y trescientas, a cuya cabeza marcha siempre un toro que las guía; estas tropas mantienen guerra constante entre sí. [...] La caza de vacas es sumamente peligrosa. Si el cazador no es diestro y su tiro no da en el punto apropiado del cuerpo de estos animales para matarlos, corre grave riesgo...» (idem, pp. 271-272)
En ningún momento de su relato, Feuillée hace referencia a indígenas ni en Montevideo ni en sus alrededores.
Vidart (2013) también aportó algunos fragmentos del año 1715 del diario de Toller –médico inglés contratado por una firma privada británica que comenzaba a comerciar esclavos africanos hacia América–. «Vimos allí, como en cualquiera otra buena llanura, mucho ganado vacuno y algunos ciervos. Ni nativos ni señales de población.» (idem, p. 209)
«Plantas no vi ninguna digna de mención, asemejándose la región a un cazadero más conveniente para ciervos que para ganado vacuno que aquí es innumerable aunque en esta estación es muy pobre. [...] partí bien persuadido de que ninguna persona debiera venir aquí desarmado o sin víveres» (idem, pp. 210-211)
Estos relatos describen el mismo espacio pero desde miradas e intencionalidades diferentes, de allí que el paisaje resultante tenga sus matices. Si bien todos se refieren a los mismos elementos naturales: el relieve, los ríos, el clima, la vegetación, la fauna, son valorados de distinta forma, quizás porque atienden a lo que es diferente a su cultura, quizás porque responden a los intereses de quienes financiaban sus viajes.
Sin embargo, a partir de ellos podemos inferir algunos cambios que sufrió esa naturaleza, por ejemplo, con la introducción de especies foráneas.
Puede resultar interesante plantearles a los niños si realmente en este “viaje al pasado” accedemos a las características auténticas de una región desconocida, o si estos relatos proporcionan una imagen distorsionada.
El paisaje inhabitable
El Gobernador de Colonia, el portugués Sebastião da Veiga Cabral, informó en 1701 respecto a la imposibilidad de fundar Montevideo por falta de agua.
«La Colonia de Monte Vidio no debe edificarse para perderse: debe hacerse para conservarse. Esta conservación de Monte Vidio no sólo es dificultosa, sino imposible, porque hay dificultad invencible de conservar las poblaciones sin leña, y hay imposibilidad rigurosa de mantener las poblaciones sin agua. Esta dista de Monte Vidio tres leguas y la leña siete.» (Azarola Gil, 1933:58)

Dibujos del inglés William Toller que visitó nuestro territorio en 1715
Fuente: Bracco (2012:19)
El paisaje desde los planos
«1719 - El Gobernador de Buenos Aires, Bruno de Zabala, Cumpliendo Reales Órdenes, encarga al Cap. Ing. Domingo Petrarca un relevamiento de la ensenada de Montevideo, el que constituye el primer relevamiento topográfico de la bahía y sus inmediaciones. En él se indica “los manantiales de agua dulce y terreno á propósito que se puede poblar y fortificar”.» (Carmona y Gómez, 2002:13)

«...Plano de Domingo Petrarca. Sitio elegido para la fundación de la ciudad. Se evidencia la singularidad geográfica definida por la Bahía con su puerto natural, cerrada por el Cerro y la península, estribación de la Cuchilla Grande.» (idem, p. 37)
| PLANTA DE LA ENSENADA DE MONTE VIDEO Para el Rey Nro. Señor que Dios guarde. – Levantada y delineada por el Cap.n Dn. Domingo Petrarca de Orden del Sr. Dn. Bruno Mauricio de Zavala, Mariscal de Campo de los Ex.tos de Su Mag.d y su Governador y Cap.n General de las Provincias del Río de la Plata. Año de 1719. EXPLICACIÓN A. Monte Video B. Isla capaz que se puede fortificar. C. Río salado donde pueden entrar Embarcaciones pequeñas. D. Riachuelo de Agua dulce. E. Arroyos del Zerro de Monte Video de Agua dulce. F. Manantiales de Agua dulce, y Terreno a proposito que se puede poblar y Fortificar. G. Parajes que se pueden tambien fortificar para la seguridad de la Ensenada. Los Numeros que estan señalados denotan las Brazas de Agua que tiene de Fondo con dos Brazas de Lama suelta en todas partes. Escala de 2000 tuezas – Escala de 1 legua MAPA DE LOS CONTOR.S DE LA ENSENADA DE MONTE VIDEO A. Entrada del Río Santa Lucía que está a tres Leguas de Monte Video. Escala de 4 leguas. Madrid. Depósito de la Guerra. 100 x 77 centímetros. |
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Fuente: Travieso (1937)
Leer este plano y sus referencias no es sencillo. Por una parte, porque son dos planos en uno, ya que arriba a la derecha hay un trazado adicional de la zona que rodea la bahía hasta el río Santa Lucía. Por otra parte, por las múltiples preguntas que su lectura sugiere; registrarlas, analizar cuáles se pueden responder y cuáles no, con qué evidencias hacerlo. Comparar el plano con un plano del presente para analizar cambios, qué elementos se mantienen y cuáles no, pensar posibles explicaciones; por ejemplo, qué ha sucedido con esas elevaciones que atraviesan la península, cuál podría ser su altura, son algunas de las variadas intervenciones que el docente puede introducir con la finalidad de habilitar diversas miradas y despertar el interés por la indagación.

Fuente: http://bibliotecadigital.bibna.gub.uy:8080/jspui/handle/123456789/5415
Pocos años después, en 1724, Petrarca elaboró un nuevo plano en el que se apreciaba el primer fuerte de la futura ciudad reconstruido a partir del abandonado por los portugueses.
El paisaje, resultado de la interacción entre elementos físicos, biológicos y antrópicos, sería definitivamente alterado en 1724 cuando Petrarca delimitó las seis primeras “quadras”1 próximas al desembarcadero, en zona protegida y soleada. Dos años más tarde, Pedro Millán completó con veintiséis manzanas, de cien varas de lado. La ciudad fue planificada como un damero a medios rumbos; la orientación de las calles, de doce varas de ancho, era de noreste a sudoeste y de noroeste a sudeste, asegurando de esta forma que al menos un lado de la “quadra” estaría a la sombra, al mediodía, en cualquier época del año.

6 manzanas - 1724. Domingo Petrarca
26 manzanas - 1726. Pedro Millán
Fuente: http://hectortierno.blogspot.com/2013/08/montevideo-amurallada.html
El lugar desde los primeros pobladores
La mayor parte de los primeros pobladores provenientes de Buenos Aires eran niños, ¿cómo percibirían, sentirían, el nuevo lugar?
«Nada sabemos del vivir que llevaron. No se conservan, como es natural, testimonios ni crónicas que lo relaten. [...] Sólo podemos imaginar o inferir algunas cosas. Ahí nomás estaba la costa, el roquerío, los pedregales aplayados contra los que venía a destrozarse la espuma Es fácil suponer que aquel habrá sido el escenario inevitable de aventuras y correrías sin término. A espaldas del caserío se les brindaba también el campo desértico, con sus lejanías magnéticas, la tentación de la arboleda, el desafío de las alimañas.» (Schinca, 2003:10)

Fuente: Navarro Ascue (1992:115)
Tampoco se conservan escritos de los canarios que llegaron en el navío Nuestra Señora de la Encina.
«19 DE NOVIEMBRE DE 1726, EN LA BAHÍA DE MONTEVIDEO –Cuando ya
creíamos enloquecer o que la mar era infinita, vimos aparecer la costa del Nuevo Mundo. Hoy dimos pie a tierra, finalmente, luego de 89 días de navegación. La bahía era una faja estrecha de tierra, que se hunde en el mar. A la izquierda se yergue el monte que dicen es el sexto desde la boca de entrada del río. Se impone, pero no por ser demasiado elevado, sino por lo llano de estas tierras. Hay vegetación baja pero tupida, rocas y arenales sobre la costa y un intenso cielo celeste. Con todos nuestros bultos alrededor, las ropas, los niños apretados contra sus madres o lanzados a explorarlo todo, con los marinos bajando bultos y paquetes, éramos un grupo extraño, en la inmensidad de este recodo del río. [...] No hace frío, pero tampoco calor. Dicen que estamos muy continente abajo, y nos han mostrado unas estrellas que, formando una cruz, indican dónde está el sur. Aquí no se ve la Osa Mayor.» (Ribeiro, 2007:18)
«No son muchos los pobladores anteriores a nuestra llegada, así que casi les conocemos a todos ya. [...] A todos nos ha tocado una cuarta de manzana (las manzanas tienen cien varas de lado), pero a los primeros, a quienes las tierras se las dio Zavala, tienen manzana entera...» (idem, pp. 19, 21)
Se comenzaba a conformar el espacio del nosotros, aquel paraje inhóspito lentamente se iría transformando en su lugar. Las relaciones humanas y sociales impactaban en el paisaje, lo modificaban. Ese espacio vivido provocaba diferentes sentimientos; el sentido de identidad generado en sus pobladores se constituyó en el motor de la transformación y apropiación afectiva de ese lugar.
«Y visto en mi Consejo de las Indias, con lo que dijo mi Fiscal de él, he venido en aprobaros (como os apruebo) todas las providencias que hasta aquí habéis dado del repartimiento de tierras y formación de cabildo; y os mando me informéis del vecindario que se ha establecido ya en esta nueva ciudad, y si se puede esperar población considerable en ella, según la calidad de las tierras de su jurisdicción y disposiciones de situación y frutos para el comercio, lo cual ejecutaréis en las primeras ocasiones que se ofrezcan. De Sevilla, a 7 de diciembre de 1731. Yo el Rey.» (Zavala, 1836:13)

Fuente: Casillas de Castellanos (1971:54)
«Cuando recién arribamos nos encontramos tan solo con la nada, a los pies del Monte Sexto, y aunque todo está por plantarse y hacerse, en este lugar de naturaleza hermosa pero huraña, hoy, cuando el paseo del Estandarte, escuchamos a los cabildantes y al vicario decir que ya somos la ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo. El Ingeniero Petrarca ha diseñado un Fuerte [...] Será enorme y lo complementarán unas murallas de piedras que rodearán la ciudad. Ojalá los muros detengan un poco el viento...» (Ribeiro, 2007:26)
Este texto es interesante desde dos puntos de vista. Por un lado, los cambios de los que expresa haber sido testigo; por otro, el sentimiento de pertenencia que muestra tener, emocionalmente relacionado a la ciudad. Al referirse a la nominación lo hace en primera persona del plural:
«ya somos la ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo». ¿Alguna vez nosotros, los actuales habitantes de Montevideo, dijimos: somos Montevideo? En esta expresión se muestra que los habitantes de esa ciudad en construcción conformaban un colectivo, ellos eran la ciudad. La ciudad no se vivía como algo externo, no era un lugar donde estar que funcionara como envase. La ciudad se configuraba como lugar habitado, sentido, transformable, del que “eran parte”.
Fue nuevamente Petrarca quien documentó cómo había quedado delineada la ciudad y cómo se la fortificaría. Llama la atención que, si bien denotaba su función defensiva –detener el avance portugués y brindar un puerto de escala– no estaba construida como una ciudad puerto, sino como una ciudad mediterránea. En varios aspectos no se respetaron las Leyes de Indias.

Plano de Domingo Petrarca (1730)
Fuente: Baroffio Burastero (2010:4)
- 1Las “quadras” equivalen a las actuales manzanas.
¿Cómo imaginan que era la ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo? ¿Qué cambios tuvo en el período fundacional? Analizar sus dibujos o textos genera la posibilidad de conocer, entre otras cosas, el concepto de ciudad que denotan los niños a la vez que permitirá identificar qué elementos incluyen, si los visualizan estáticos o interactuando, si imaginan una ciudad autosuficiente o dependiente, con qué servicios. Este tipo de propuestas permite también que el docente logre identificar obstáculos que la propia escolaridad puede haber generado, ya que cuando se estudia Montevideo Colonial se hace referencia por lo común a fines del siglo XVIII, a un Montevideo totalmente diferente al de sus comienzos.
Es esencial recrear ese período. ¿Cómo hacerlo? La empatía, que puede llegar con un juego de roles, debe ser nuestra aliada. Algunos alumnos serán los niños que arriban, otros sus madres y padres.
Por ejemplo, con los “niños canarios” se puede recrear el viaje, sus sentimientos, deseos, miedos. “¿Cómo vivimos el momento en el que se ve tierra? ¿Qué pensamos antes de que el barco llegue?” Acabamos de desembarcar: “¿qué vemos?, ¿cómo nos sentimos?, ¿qué escuchamos?”. Estas preguntas u otras semejantes nos permitirán situarlos con la imaginación en ese momento y en ese lugar. Otras tendrán que ver con el futuro: “¿qué nos preguntamos?, ¿sobre qué?”. Las preguntas que los niños se formulen probablemente serán muy concretas: “¿dónde hay comida?, ¿dónde voy a dormir?, ¿quiénes están ya viviendo aquí?, ¿hay animales peligrosos?, ¿y ahora qué hacemos?”. Juntos se deberá analizar su contenido, ver que la mayoría de esas preguntas responden a necesidades, la supervivencia implica asegurar alimentación, abrigo, descanso y otras formas de protección. Quizás algunas preguntas estén más relacionadas con las emociones: “¿y si me ataca un animal?, ¿qué pasa si viene una tormenta?, ¿qué hacemos si nos lastimamos?”. Muchas de ellas mostrarán miedos, pero en realidad también se relacionan con la supervivencia. Se podría conformar un tercer grupo con las referidas a decisiones a tomar, al futuro: “¿y ahora qué hacemos?, ¿qué vamos a comer?”. Implican acciones, mostrarán la búsqueda de soluciones a las dificultades con que se encuentren, también se relacionan con la supervivencia.
El mismo planteo se le puede hacer a quienes representen a los padres. En este caso, la lista de preguntas posiblemente refiera a lo material: “¿dónde dormir?, ¿quién proporcionará alimentos, agua y leña para cocinar?, ¿hay dónde comprar, con dinero o trueque...?”.
Es importante registrar y clasificar todas estas preguntas. Luego elegir algunas para poder darle forma a esa recreación de San Felipe y Santiago de Montevideo. Una vez acordadas, será necesario investigar.
Una sugerencia que nos parece valiosa es recurrir a Azarola Gil (1933) como fuente de información, en especial a los capítulos VI, VIII y XI.
Luego se podrá avanzar hacia la reconstrucción del diario vivir, las rutinas, los trabajos, la recreación, las dificultades y las oportunidades, el nuevo paisaje, sus animales y plantas, el color del agua y del cielo, la oscuridad y la inmensidad de estrellas desconocidas, todo lo que crean que pudo haber caracterizado ese lugar donde hoy está instalada la ciudad tal como la conocemos.
Cada docente definirá la propuesta de enseñanza de acuerdo a la realidad del grupo y a los conocimientos previos que haya identificado. Distintas disciplinas podrán interactuar desde las ciencias sociales y las ciencias naturales al intentar comparar y diferenciar, reconstruir lugares desconocidos, lejanos en el espacio y en el tiempo.
Se trata de hacer dialogar una imagen objetiva de aquella primera ciudad con una imagen subjetiva, y de introducir así una nueva mirada a lo que hoy vemos en Montevideo y a lo que nos enseñaron o aprendimos de sus orígenes.

Fuente: https://montevideo.gub.uy/noticias/institucional/la-construccion-de-montevideo
Conmemorar los trescientos años del proceso fundacional de Montevideo nos exige transformar esa península vacía, que aparece en los mapas de la época, en un núcleo poblacional. La propuesta que les hacemos es buscar información e imaginar cómo lo fueron concretando militares y civiles; indígenas, extranjeros y naturales de la región; blancos y mulatos.



