Soledad Valiente
Maestra. Salto. Maestrando en Educación Ambiental (CFE). Integrante del Equipo de Investigación en Enseñanza de las Ciencias Naturales, revista QUEHACER EDUCATIVO.
«El desafío para los educadores en el Siglo XXI demanda de “un aprender a ver” problemas ambientales, desde una prioridad cultural que incluye tanto el conocimiento científico heredado, como las nuevas necesidades humanas que acontecen en la cultura cotidiana. En el marco de una responsabilidad socialmete compartida, le cabe a los maestros el intento de ofrecer alternativas a las nuevas generaciones de niños y jóvenesgenerando instancias educativas que incorpore las problemáticas socio-ambientales en sus propuestas curriculares.
Por ello, favorecer un proceso de innovación en la concepción de conocimiento y cultura ambiental, implica rescatar y revalorizar primero, la propia historia escolar de programas ambientales; reconocer los núcleos de interés comunitarios y asumir desde una posición crítica y construtiva, la identificación de problemas y propuestas de actuación en y para lo ambiental en sentido amplio...» 11 (Rivarosa, 2015:7)
- 11 Cita textual.
Esta cita enmarca una serie de desafíos para la escuela. Transitar estos cambios requiere de un sólido punto de partida y de ser capaces de percibir lo ambiental desde lo sensorial, desde lo subjetivo y lo afectivo, no únicamente desde lo intelectual. Es un cambio que debemos transitar todos, docentes, alumnos y comunidad.
Nos pone frente a una sociedad consumista, competitiva y muy orientada a la mayor explotación posible de los recursos naturales, que prioriza la naturaleza al servicio del ser humano. Resulta imperativo construir una nueva relación entre la sociedad y la naturaleza, e incluir en esa mirada a las personas y sus roles como propone uno de los lineamientos del marco curricular del PlaNEA (MEC, 2014). Es imperioso analizar de qué manera se relacionan las personas y los ambientes, cómo se toman decisiones sobre los espacios, cómo se los modifica al actuar sobre ellos y cuáles son las huellas dejadas. En este mismo sentido es fundamental enseñarles a los niños modos apropiados de relación entre ambas, así como propiciar y contribuir a la construcción de una identidad ambiental. No se trata de que los niños se hagan cargo de los problemas ambientales, sino de sensibilizarlos
al ambiente y que vayan conformando su ciudadanía ambiental.
«...¿qué escenarios educativos deberíamos diseñar en la formación de nuestras generaciones de jóvenes, de modo que puedan pensar, hacer y ser en el presente, pensando el futuro con creatividad y protagonismo?» (Rivarosa, 2015:6)
Es imprescindible que los alumnos reconozcan el lugar donde viven, su territorio, como un espacio de vida. Por esta razón, la escuela ha de posibilitar y fortalecer el sentido de pertenencia; ha de procurar la exploración y el disfrute del territorio para poder tanto valorarlo como identificar sus contradicciones.
Los problemas ambientales no son hechos naturales, sino que su origen está en la acción directa o indirecta del ser humano. Son transformaciones antrópicas. Implican prácticas culturales, y por lo tanto son históricos. Se dan tanto a nivel local como global, generalmente interrelacionados.
Todas estas características hacen que sean problemas abiertos y complejos, contradictorios y cambiantes. Por ende es necesario que al estudiarlos se consideren aspectos naturales, pero también tecnológicos, económicos, culturales, sociales, históricos y políticos.
La educación ambiental requiere, por lo tanto, un enfoque didáctico que aborde el problema seleccionado de forma contextualizada e integral. Esto implica pensar las intervenciones desde múltiples perspectivas; si revisamos los planteos de “Desafío 3” (UTE 2023) veremos que incluyen ciencias naturales, matemáticas, lengua, historia, formación ciudadana. De la propuesta docente dependerá que esas múltiples perspectivas sean realmente interdisciplinarias.
También se deberá analizar el problema en diferentes escalas, como sucede en ese mismo trabajo que busca la huella de carbono que dejan el niño, la escuela, el país; las escalas refieren a los actores sociales que participan y al alcance territorial. Por último, no dejar de lado las múltiples causas de los problemas ambientales, quizás esbozados en la referida propuesta, al plantear el CO2 equivalente como unidad de medida por ser el más abundante. Sin embargo, de los siete gases de efecto invernadero más comunes no todos tienen el mismo origen, ni están en la atmósfera el mismo tiempo ni en la misma proporción; y, fundamentalmente, no tienen un potencial de calentamiento similar.
→ Elegir una temática próxima a la vida de los niños y que sea socialmente relevante implica identificar un problema ambiental local, contextualizado al lugar de implicancia de los alumnos, de la escuela.
→ Estudiar el problema desde la complejidad de lo ambiental, por ejemplo, a partir del análisis del desfasaje entre los ciclos naturales y sus tiempos con las exigencias económicas o prioridades culturales; los problemas locales
que requieren enfoques globales; el origen y la evolución de la situación problemática, al igual que las dificultades para acordar soluciones de mitigación o adecuación.
→ Plantearnos:
«...qué, cómo y por qué algunas situaciones del entorno próximo son consideradas problemas ambientales. ¿Qué ha sucedido para que lleguemos a éste punto del conflicto?; ¿desde cuándo ocurre esto que ocurre?; ¿por qué es un problema?, ¿ocurre algo parecido en otro lugar?, ¿qué alternativas de solución posee este conflicto?, ¿quiénes tenemos responsabilidad en este contexto?» 1 (Rivarosa, Astudillo y Astudillo, 2012:252)
→ Conocer las concepciones de los niños, ya que muchas de ellas seguramente responden a su cultura e inserción social. Por esa razón es posible que se requieran intervenciones que contribuyan a ampliar conocimientos y construir conceptos que habiliten una mayor comprensión del problema. «Formular un eje, plantear un problema, seleccionar un caso, son formas de recortar y organizar
contenidos, de articularlos, entramarlos, dotarlos de coherencia interna, de construir hilos conductores.» (Zenobi, 2016:15)
→ Al planificar una secuencia, el proyecto o el problema tener presente que la educación ambiental se inserta en la pedagogía crítica y que esto debe reflejarse en la selección y la planificación de metodologías, las fuentes, la evaluación. Por ejemplo, en los documentos de la transformación curricular se usan indistintamente «educación para el desarrollo sostenible» (ANEP, 2022:26) y «desarrollo humano sustentable» (ANEP, 2023), conceptos que son contrapuestos. Mientras que
el primero prioriza el crecimiento económico por sobre la conservación de la naturaleza y el bienestar humano integral, el segundo –recuperado del PlaNEA (MEC, 2014)– refiere a la búsqueda de un equilibrio entre el crecimiento económico, la protección del ambiente y la equidad social.
«La EA impulsa la construcción de un saber ambiental que rescate, construya y proponga modos apropiados de relación entre la sociedad y la naturaleza contextualizados en cada territorio desde una perspectiva que va desde lo local hasta lo global en uno y otro sentido.» (MEC, 2014:8)2
