FUM-TEP/CSEU/PIT-CNT
A nte la noticia del fallecimiento del maestro Miguel Soler Roca nos afloraron un conjunto de sentimientos simultáneos, el enorme dolor por la pérdida de un referente ético, humano, pedagógico, sindical... También sentimos el calor al abrazar de inmediato alguno de los recuerdos de instancias compartidas. Nos invadió la tristeza debido a que no logró justicia para la causa de su amigo y compañero el maestro Julio Castro. Y ciertamente sentimos una inmensa gratitud por la enorme y profunda obra que nos lega, y más debido a que nos confió y nos encargó su último aporte, el libro Rastrojos2 , para su publicación y su difusión.
Sin lugar a dudas, la experiencia humana de Miguel Soler Roca tiene grandes mojones, nació en Corbera de Llobregat (provincia de Barcelona), de muy pequeño vino a Montevideo con sus padres, donde creció y se formó como maestro egresando en el año 1939.
Pocos años después, en 1945, fue artífice de la fundación de nuestra Federación Uruguaya de Magisterio, acontecimiento de alto valor para maestras y maestros de nuestro país, pues se concretaba la unidad luego de varios años de dispersión y divisiones. Otro acontecimiento que lo marcó y también a la educación de nuestro país, fue su integración en 1949 a la comisión redactora del Programa de Escuelas Rurales, allí trabajó junto a pedagogos de la talla de Julio Castro y Enrique Brayer.
Entre 1948 y 1954 fue director de la Escuela Rural Nº 59, en el Departamento de Soriano. En esos años obtuvo una beca de la UNESCO para estudiar en México.
A partir de 1954 organizó y dirigió el Núcleo Escolar Experimental de La Mina. Esa experiencia, sobre la cual escribió varias obras, marcó indudablemente un antes y un después en su vida, y también ha sido referencia pedagógica para generaciones de maestras, maestros, profesoras y profesores de nuestro país, de América Latina y de otras latitudes.
El proyecto de los núcleos escolares tenía múltiples objetivos, lo central era ayudar a vivir mejor y luchar contra el drama de la pobreza del campo uruguayo. El trabajo en La Mina estuvo enfocado en un proyecto de educación fundamental –que Miguel había estudiado en México–, un proyecto de educación comunitaria, donde de lo que se trataba era de participar de la educación en conjunto con la comunidad para que alcanzara mejores niveles de vida. Este proyecto contemplaba los problemas locales específicos –y sus potenciales soluciones– en cuanto a lo cultural, a lo sanitario y a lo económico. La experiencia de La Mina se caracterizó entonces por la puesta en práctica de la educación integral. En 1961 renunció a su dirección debido a desacuerdos con las autoridades del Consejo de Enseñanza Primaria, que consideraba atentaban contra los objetivos del proyecto.
Entre 1961 y 1982 trabajó para la UNESCO en diversos cargos y en distintas partes del mundo (Bolivia, México, Chile, Francia). Y se jubiló en 1982, cuando era Subdirector General Adjunto del sector Educación de la UNESCO. Pese a ello, siguió colaborando con el organismo durante varios años más. También en 1982 se mudó a Barcelona, en uno de los tantos retornos a su país natal.
Entre 1973 y 1985 sufrió las consecuencias de la dictadura fascista que asoló nuestro país, en su libro Réplica de un maestro agredido... expresaba al respecto:
«...las Fuerzas Armadas asumen el gobierno de la escuela pública y de toda la educación nacional, sometiéndolas a su versión retrógrada y antidemocrática de la historia y de la sociedad y castigando con la muerte, la tortura, el encarcelamiento, la destitución y el exilio a quienes más se habían distinguido en el desarrollo de la educación popular y a todo aquel educador opuesto a los liberticidas (...) el daño a la formación de los alumnos, a la calidad de la enseñanza y al clima de diálogo, convivencia y esfuerzo colectivo que había caracterizado a nuestras escuelas, resultó inmenso.» (Soler Roca, 2005:138)
Entre los años 1984 y 2007 participó como asesor, tanto de comisiones de la UNESCO como de diferentes gobiernos en nuestro país, en provincias de la Argentina y en Nicaragua.
En 2005 volvió al Uruguay, su patria adoptiva –como le decía–. Siempre mantuvo su compromiso con la defensa de la educación pública y con las causas de los Derechos Humanos. Nunca dejó de aportar a la reflexión pedagógica y fue fundador del Grupo de Reflexión sobre Educación (GRE), también integró el Movimiento de Educadores por la Paz, colaboró con el programa de Extensión de la Universidad de la República y escribió múltiples artículos sobre la educación y la realidad en Uruguay y América Latina.
Esta somera reseña de la vida de nuestro compañero Miguel Soler Roca tiene por objetivo recordar algunos de los mojones más importantes de su vida, pero principalmente afirmar nuestro compromiso de mantener en alto y firmes las banderas sostenidas por tantas décadas por las fundadoras y los fundadores de nuestra Federación.
En su saludo hacia nuestro XII Congreso del año 2019 expresó:
«Los educadores sabemos bien que este marco económico y político afecta los derechos de nuestros alumnos y los resultados del proceso de enseñanzaaprendizaje. El combate contra la pobreza, prioritario para la acción sindical, ha de ser colectivo y perseverante, sin apelar a la competitividad, los rankings y las privatizaciones. Desde sus orígenes la FUM trabaja a favor de la plena vigencia de los derechos humanos, las libertades fundamentales y la paz. No me caben dudas: lo seguirá haciendo, profundizando el estudio y la denuncia de todo lo que pueda oponerse a lo que nuestro prócer llamaba “la pública felicidad”. Nuestro gremio tiene el derecho de hacerse oír en los medios, en los centros académicos y en la calle toda vez que nuestra palabra pueda contribuir al progreso, la equidad, la justicia y la paz.»
1 SOLER ROCA, Miguel (2005): Réplica de un maestro agredido. Educar en Uruguay: de la construcción al derribo, de la resistencia a la esperanza. Montevideo: Ed. Trilce.
2 SOLER ROCA, Miguel (2019): Rastrojos. Montevideo: Fondo Editorial QUEDUCA/FUM-TEP
