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Junio del 2021
Las consignas escolares, una mirada crítica
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Valeria Ferrari

Valeria Ferrari

Maestra directora.

Virginia de Tomas

Virginia de Tomas

Maestra directora.

Si en diferentes ámbitos laborales se consultara sobre qué se entiende por consigna se encontrarán tantas respuestas como rubros de trabajo existen, aunque todas confluyen en una misma idea. Cada trabajador sabe que es una orden que se le da para realizar una tarea en la que es, en la mayoría de los casos, competente. Un ejemplo de esto sería que un capataz de obra le dijera al obrero: “prepara el material para revocar aquella pared”.

¿Pero qué sucede cuando este término se traslada al ámbito escolar? ¿La consigna es una mera orden que el docente elabora para que el estudiante realice una acción? ¿El alumno tiene los conocimientos necesarios para cumplir con lo solicitado? ¿Cuál es la relevancia de la consigna en el ámbito escolar?

Pensando en esto, diferentes autores dan una definición de consigna que dista de la que podemos encontrar en un diccionario.

«Riestra (...) define a las “consignas de trabajo” como textos planificados y como acciones mentales, y afirma que en ellas se dan dos funciones de manera simultánea: una comunicativa (la instrucción) y una teórico-cognitiva (semiotización, acciones y operaciones mentales). La consigna es también, desde este punto de vista, un instrumento cultural en la mediación entre pensamiento y lenguaje, un texto “elaborado para dialogar con nuestros alumnos”...» (Dambrosio, 2019:52)

De lo manifestado por Riestra se infiere la importancia que la consigna tiene en el ámbito escolar, es de suma relevancia el papel del docente y del alumno en esta interacción que se va a dar a partir de la formulación de la misma.

Esta formulación es “la varita mágica” que activa diferentes procesos de enseñanza, creando un puente entre educador y educando siempre y cuando genere en el alumno el deseo de aprender.

Para que esto suceda, el docente debe poner en práctica su saber didáctico y pedagógico, y el conocimiento real de las posibilidades de sus alumnos.

Al momento de crear las consignas, el docente pone en juego distintas variables que conforman sus elementos.

► El propósito de la actividad (basándose en los contenidos programáticos a enseñar, que pueden clasificarse en actitudinales, procedimentales o conceptuales) teniendo claro: qué voy a enseñar, qué quiero que el estudiante aprenda, cómo lo voy a enseñar y el porqué de la actividad.

► El lenguaje utilizado para su elaboración (debe ser accesible al alumno con un vocabulario adecuado a la edad y al contexto).

► La extensión (breve y organizada).

► La información que aporta para su resolución (explicita adónde debe recurrir para su realización u ofrece el recurso).

► Pensar en el proceso que va a realizar el estudiante (activar conocimientos previos almacenados en la memoria, reflexionar, manipular, seleccionar, razonar, elaborar estrategias de resolución, construir nuevos conocimientos).

► El desafío que se le va a presentar mediante la acción a realizar (generar un conflicto que lo desestabilice, pero que pueda resolver).

► La significatividad de la propuesta para el alumno.

 

Un nuevo escenario...

Posicionados en el contexto actual de masificación de las aulas virtuales, se suman nuevos desafíos para el docente a la hora de enseñar. Al momento de elaborar la consigna debe dejar de lado las prácticas que se acostumbran en la presencialidad, donde se da una retroalimentación en la que, a través de gestos, miradas y preguntas, los alumnos obligan al docente a realizar las debidas aclaraciones para la comprensión-acción del estudiante. Estas aclaraciones serían innecesarias si las consignas fueran planificadas de modo que incluyeran los elementos imprescindibles para la comprensión de todo el alumnado.

Asimismo, en la mayoría de los casos, la familia cobra hoy un lugar relevante por convertirse en mediadora entre la consigna y la actividad, guiando la acción, diferenciándose del rol que tradicionalmente cumple, interviniendo en las tareas domiciliarias. Son tareas en las que, generalmente, el alumno ya conoce de qué se trata por haber sido trabajadas en el aula y, muchas veces, explicadas previamente por el docente, actividades de aplicación del conocimiento o de búsqueda de información.

Dado el protagonismo que tiene la familia en esta nueva situación, principalmente en alumnos y alumnas de los primeros niveles o con barreras para la lectura convencional o el uso de la herramienta informática, es esencial que al elaborar la propuesta, el docente tenga en cuenta no solo al niño, sino también a la familia que lo acompaña con sus posibilidades y limitaciones en su contexto particular. Debe ofrecer propuestas variadas en consonancia con el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA), de las que se desprendan consignas diseñadas utilizando variedad de recursos, dando respuesta a la diversidad del alumnado.

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De la teoría a la práctica

A continuación se comparte una planificación realizada por docentes de primer grado en una escuela APRENDER, donde se observa una consigna en la que se visualizan los elementos referidos en el presente artículo.

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Evidencias de trabajos realizados por los alumnos
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Análisis y reflexión sobre la actividad presentada, siguiendo los elementos que conforman la consigna y las preguntas orientadoras

Se aprecia que en la consigna están explícitos el propósito de la actividad y la información necesaria para su resolución.

El lenguaje utilizado es acorde a la edad y al contexto. La extensión, sin ser breve, está organizada, aunque facilitaría la lectura el separar párrafos, resaltar palabras clave, diferenciar tamaño de la letra... Para su realización, el estudiante activará diferentes procesos mentales que le permitirán construir nuevos aprendizajes a partir de un conflicto a resolver.

Para asegurar que la propuesta sea realizable por todos los alumnos sería conveniente, además, presentarla desde un formato audiovisual.

Dado que refiere a la vida personal del niño y es necesario involucrar directamente a los adultos referentes para su resolución, se considera una propuesta altamente significativa.

Enseñar no es tarea fácil, requiere un importante trabajo intelectual de gran dedicación por parte del docente, dado que para generar aprendizajes significativos y de calidad en sus alumnos debe realizar buenas prácticas de enseñanza. Esto implica poner especial atención a cada uno de los componentes que conforman su planificación docente de la cual la consigna es parte fundamental.

A modo de cierre: responsabilidad, conocimiento, reflexión, creatividad y empatía deben ser conceptos a poner en juego cada vez que el docente gesta su quehacer didáctico.

«...la educación se rehace constantemente en la praxis. Para ser tiene que estar siendo.» (Freire, 2005:97)

 

Referencias bibliográficas
ANEP. CEP. República Oriental del Uruguay (2009): Programa de Educación Inicial y Primaria. Año 2008. En línea (Tercera edición, año 2013): https:// www.ceip.edu.uy/documentos/normativa/programaescolar/ProgramaEscolar_14-6.pdf
DAMBROSIO, Antonela G. (2019): “Reflexiones en torno al concepto de consigna en el ámbito educativo” en L. I. Rivas, M. S. García (eds.): Estudios del Discurso: desafíos multidisciplinares y multimodales, pp. 49-60. Santa Rosa: Universidad Nacional de La
FREIRE, Paulo (2005): Pedagogía del oprimido. México: Siglo XXI editores.
PÉREZ GARRIDO, Lourdes; VALERIO, Silvia (2016): “Consignas para escribir” en QUEHACER EDUCATIVO, Nº 138 (Agosto), pp. 39-44. Montevideo: FUM-TEP.
RIESTRA, Dora (2004): Las consignas de trabajo en el espacio socio-discursivo de la enseñanza de la lengua. Tesis de doctorado Nº 328. Suiza: Universidad de Ginebra. En línea: https://doc.rero.ch/record/3664/files/these_RiestraD.pdf