Alicia Meirana
Maestra
Richard Centena
Maestro
En la escuela siempre hemos sentido que la riqueza del colectivo reside en la diversidad de nuestros estudiantes. Por esta razón nos propusimos crear caminos de enseñanza y de aprendizaje que realmente atendieran sus distintas edades, trayectorias y formas de aprender. Queríamos que lo que enseñáramos tuviera un sentido real para ellos, que pudieran usarlo para resolver problemas y seguir aprendiendo en situaciones nuevas. Así fue como nos embarcamos en esta aventura de innovación, apoyándonos en la didáctica multigrado y la ampliación del tiempo pedagógico, con la convicción de que, con autonomía curricular y una mirada constante a lo que hacíamos, podríamos ofrecerles otras puertas al conocimiento.
Recordamos los inicios de este proyecto, hace ya varios años. Todo surgió cuando, en las reuniones del colectivo docente, comenzamos a hablar de aulas heterogéneas. El primer desafío fue precisamente pensar en cómo manejar esa diversidad en función de que nuestro objetivo inicial era muy claro: pensar la educación para la diversidad diseñando formas de trabajar en la escuela con principios organizadores y didácticos diferentes al modelo tradicional homogeneizador. Previamente, sentíamos que nuestra escuela tenía una única forma de enseñar, como si todos los alumnos aprendieran lo mismo, exactamente de la misma manera, y los resultados de las evaluaciones no nos mostraban un panorama alentador.
Fue entonces cuando, con la experiencia de las escuelas rurales y su didáctica multigrado, el equipo de dirección propuso trasladar esas estrategias a nuestras aulas urbanas. Sabíamos que no podíamos lanzarnos sin más. En primer lugar debíamos entender cómo gestionar aulas tan diversas para lograr un cambio profundo en nuestra forma de trabajar, en nuestra cultura institucional.
Comenzamos a reunirnos, a reflexionar juntos sobre nuestras prácticas y a elaborar en forma colectiva un diagnóstico claro de dónde estábamos situados. A partir de ahí, cada uno de nosotros comenzó a transitar diferentes caminos para mejorar la gestión de esas aulas heterogéneas. El objetivo del equipo director era acompañar al colectivo a partir de visitas a las aulas, mostrando experiencias de otros colegas, organizando talleres, capacitaciones e incluso el análisis de las circulares de Inspección y bibliografía sugerida, que nos dieron algunas pautas. Trabajamos en forma colaborativa, y al inicio nos costó mucho cambiar esa cultura tan arraigada. Hoy, al recordar esos momentos, vemos la importancia de habernos detenido a reflexionar sobre lo que hacíamos, de habernos mirado tanto a nosotros como a nuestros compañeros.
Aprender a observar sin juzgar fue clave para crecer como profesionales reflexivos.
La observación y el análisis de nuestras prácticas fueron la base del plan de acción que elaboramos y, si miramos hacia atrás, el cambio de nuestra cultura institucional es notorio.
La motivación, la innovación, las ganas e aprender y el trabajo en equipo fueron permeando aquellas estructuras que a veces nos aislaban. La gestión de las aulas heterogéneas se convirtió en una herramienta fundamental para que nuestros alumnos aprendieran mejor. Esta forma de trabajar se hizo más fuerte y la fuimos compartiendo año tras año con los nuevos colegas que llegaban a la escuela. Hubo momentos difíciles, sobre todo al principio, para organizar la escuela y para que las familias entendieran que no todos los niños tenían las mismas tareas en sus cuadernos. Debimos mover muchas estructuras que parecían inamovibles. Fue un camino de aprendizaje, con avances y retrocesos, que nos trajo hasta el año 2022, momento en el que nos sentimos listos para explorar las potencialidades de la didáctica multigrado como nuestra estrategia principal.
Al analizar las memorias pedagógicas y las evaluaciones del año anterior, nos dimos cuenta de que la pandemia había afectado los aprendizajes de nuestros alumnos. Sentimos la necesidad de buscar nuevas formas de ayudarlos a recuperar esos conocimientos. Decidimos enfocarnos en la didáctica multigrado, con la idea de compartir investigaciones al respecto y llevar la experiencia de las escuelas rurales a nuestras aulas urbanas. Este equipo director organizó un plan de acción para implementar la didáctica multigrado y pensar las propuestas de enseñanza por ciclos. Se organizaron actividades de formación, de capacitación y se compartieron experiencias concretas sobre la didáctica multigrado. Nos planteamos tres preguntas fundamentales para reflexionar en colectivo: ¿Qué entendemos por multigrado? ¿Qué caracteriza el trabajo en un aula multigrado?
¿Qué es indispensable en el trabajo multigrado?
Cada integrante del colectivo vivió ese proceso de formación de manera diferente.
Algunos cambiaron su actitud con relación a sus propias prácticas; otros empezamos a trabajar de forma más colaborativa y a generar nuevas estrategias al ver como varios colegas usaban la didáctica multigrado para organizar el tiempo, los espacios y los recursos. Una de las mayores preocupaciones que compartíamos era cómo planificar la jornada diaria, pensar en distintos tiempos que debían articularse y contemplar las actividades autónomas y las dirigidas. También nos cuestionábamos cómo usar de manera reflexiva los recursos oficiales, que siempre habíamos utilizado pensando en aulas de un solo nivel.
Poco a poco empezamos a flexibilizar esos recursos, a entenderlos como algo que podíamos completar, adaptar y ajustar a los diferentes niveles y estilos de aprendizaje de nuestros alumnos. Comenzamos a sentirnos más seguros al usarlos y combinarlos para atender a todos.
Otro desafío importante fue manejar esa “tríada” de tiempos, espacios y recursos. Entendimos que estos elementos solo cobran sentido si están ligados a una propuesta didáctica, y que son los docentes quienes los configuran. Por tanto optamos por revisar nuestras prácticas a efectos de encontrar nuevas formas de relacionarlos. Fuimos trabajando todas estas inquietudes en las salas docentes, donde contamos con la participación de profesionales con experiencia en didáctica multigrado que nos mostraron su especificidad y sus potencialidades. Nos dimos cuenta de que, al procurar incluir a todos más allá de sus diferencias, la didáctica multigrado se alineaba perfectamente con nuestro principio de inclusión. Observamos que en las aulas multigrado sucedían cosas muy interesantes en cuanto a la enseñanza y al aprendizaje, que coincidían con lo que queríamos lograr en nuestra escuela. Sabíamos que cambiar nuestras propuestas de enseñanza era un desafío, y quizás la falta de herramientas en nuestra formación inicial y permanente generaba algunas inseguridades. Como comunidad de aprendizaje fuimos gradualmente reflexionando acerca de nuestras prácticas a fin de generar estrategias que rompieran con esa estructura graduada tradicional, pensando en el grupo multigrado como una unidad.
La forma en que se organizaban los contenidos, los tiempos, los espacios y los recursos en esas aulas generaba una circulación de saberes entre los alumnos, y creaba verdaderos entornos de aprendizaje.
Con mucha responsabilidad asumimos un nuevo desafío en el año 2023: la elaboración de un proyecto de Tiempo Pedagógico Ampliado (TPA) en nuestra institución.
Queríamos dar una respuesta temprana a la inequidad en los aprendizajes. Esta propuesta se nutrió de varios documentos y se sumó a las políticas educativas que buscan ampliar el tiempo que los alumnos pasan en la escuela. Nuestro objetivo principal era crear espacios educativos con formatos diferentes, que rompieran con los tiempos y los espacios tradicionales, para que nuestros alumnos pudieran adquirir otros aprendizajes, descubrir
sus propios estilos, desarrollar su creatividad, realizar actividades recreativas y deportivas, y conocer diversas expresiones culturales.
Para que todo funcionara, sabíamos que debíamos construir procesos de enseñanza y de aprendizaje colaborativos entre alumnos, docentes, directivos, talleristas, la comunidad y las familias. Fue necesario repensar cómo lograr la coordinación entre todos los que trabajamos en la escuela. Uno de los primeros cambios que notamos fue que mejoró la asistencia de algunos alumnos que faltaban mucho.
Creemos que el TPA es un factor clave para transformar nuestras prácticas pedagógicas, nuestro currículo y la forma en que los alumnos aprenden. La ampliación del tiempo, sumado a lo que habíamos aprendido de la didáctica multigrado, contribuyó a generar una nueva forma de pensar la escuela, abriendo caminos que antes no percibíamos.
Ahora, al recordar todo este proceso entendemos la importancia de detenernos a evaluar lo que hacemos, cómo lo hacemos y para qué lo hacemos. Fue fundamental permitirnos no tener todas las respuestas, buscar juntos nuevas soluciones a la complejidad actual de la educación.
Esta es nuestra historia, una historia que sigue construyéndose día a día, con el compromiso de continuar aprendiendo y buscando los mejores caminos para nuestros estudiantes.
