Lía Schenck
Maestra, escritora
Este libro, escrito por Selva Pérez Stábile, se constituye en una valiosa herramienta para desentrañar aspectos inherentes al hecho educativo. Los trayectos personales en su escuela primaria y la carrera docente en la escuela pública desde el título de maestra hasta el cargo de inspectora técnica se ponen en juego desde su sensibilidad, idoneidad y compromiso en cada una de las experiencias y observaciones narradas. Un libro que al hablar de la tarea de educar hace efectivos procesos de los cuales hemos participado desde que comenzó nuestro pasaje por las instituciones educativas. Fuimos educados por quienes eligieron esa tarea y se formaron en instituciones que habilitaron su desempeño profesional, instituciones que a su vez responden a planteos, lineamientos, programas y formas organizativas en consonancia con organismos oficiales y sus correspondientes autoridades.
Carlos Skliar y Edith Moraes, referentes de la comunidad docente en Argentina y Uruguay, participan en el prólogo. Carlos Skliar (docente, investigador y escritor argentino) destaca «...que la educación es una responsabilidad ética y estética de los adultos en relación a las nuevas generaciones...» (p. 12), y que además de hablar de las escuelas, el libro refiere a «...las personas que las habitan o las hacen habitables, hospitalarias, lugares donde jugar, dibujar, actuar, contar, pensar, leer, escribir, estudiar, hacer amistades, en fin: lugares de vida, distintos necesaria y radicalmente a otros» (p. 13). Edith Moraes (maestra y magíster en Educación) afirma con certeza: «Todos los adultos portamos una institución educativa que intervino en nuestra conformación.» (p. 18). Y previamente:
«Si bien la escuela (...) es el eje en torno al cual giran los textos (...), el modo de abordar este tema deja entrever nexos e impactos muchas veces solapados, del efecto de la acción institucional sobre sus actores, las personas que las conforman.» (p. 17)
Este libro habla de lo que portamos los adultos y de lo que empiezan a portar nuestras infancias y adolescencias. Porque es verdad que los libros hablan. Escribir es una forma de hablar así como leer es una forma de escuchar. Yo tuve la suerte y el privilegio de acompañar ese proceso escritural, ese pasar del hablar al escribir. Un proceso durante muchos lunes, durante muchos meses a lo largo de dos años. Este es un libro con muchas rutas, muchas escuelas pero, ante todo y sobre todo, creo que es un libro con muchas voces, muy coral, muy afín a quien además de maestra primaria es profesora de música. En lo personal, lo que más me ha impresionado siempre es que se escuchan voces de niños y niñas que tienen mucho para decir. Sobre todo cuando dicen que la escuela es de ellos, que les pertenece, que les es propia con un tipo de propiedad que les es otorgada por derechos inalienables que el mundo adulto, todo el mundo adulto tiene la obligación de custodiar y proteger en todas sus dimensiones. En el mes de octubre, en su vigésimo novena edición, el Día del Patrimonio fue dedicado a “Constructores de escuelas y liceos”. Reconocemos la construcción de un patrimonio intangible que cada día se construye en esas aulas. ¿De quién es la escuela? es un aporte significativo, una herramienta personal y a su vez colectiva que invita a diálogos, encuentros, reflexiones compartidas y nos alienta a generar acciones a favor de nuestras infancias.
