Elizabeth Ivaldi
Maestra de educación primaria, especializada en Educación Inicial, Educación Artística, Gestión y Supervisión Educativa.
Celebración y compromiso
Desde el año 2018, cada 10 de marzo se celebra en nuestro país el Día del Jardín de Infantes1 . El acto administrativo que lo dispuso surgió a partir de la resolución votada por unanimidad en el plenario del III Congreso Nacional de Educación “Enriqueta Compte y Riqué”, realizado en diciembre de 2017 en homenaje a una de las pioneras de la educación inicial latinoamericana2 . La propuesta partió de un grupo de asistentes al congreso que plantearon la necesidad de disponer de un día para darles visibilidad y jerarquizar a las instituciones específicas de educación y cuidados en la primera infancia, período de la vida comprendido desde el nacimiento a los seis años.
El día elegido para esta celebración recuerda la fundación del primer jardín de infantes público estatal de América Latina, creado a impulso de la maestra Enriqueta Compte y Riqué. Fue a partir de su creación que se comenzaron a concretar las ideas expuestas por José Pedro Varela3
en 1874, en el Capítulo XXXVIII (“Jardines de
Infantes”)4
de su libro La educación del pueblo. Las palabras pronunciadas por Enriqueta Compte y Riqué en el Congreso de Florida del año 1927 así lo especifican:
«Aquello que no pudo recibir el golpe sembrador de José P. Varela, porque él cayó pronto herido de muerte en la faena, fue implantado con ardiente fe por su hermano Don Jacobo.
[...]
Cuando todo, a pesar de las dificultades que la situación económica creaba, iba con paso firme hacia adelante, me tocó la suerte de ser designada para interpretar el único capítulo no realizado de ese libro...» (Compte y Riqué, 1992c:110-111)
La investigación histórica evidencia la creación –previa al 10 de marzo de 1892– de espacios organizados para la atención de la primera infancia, tanto en Uruguay como en América Latina. Lo que diferencia al Jardín de Infantes de Montevideo de las creaciones que lo anteceden es su inserción en el sistema de educación pública, acción pionera y revolucionaria para su época.
Corresponde recordar que la primera institución de este tipo a nivel mundial fue creada en el año 1840 por Federico Froebel5
en la ciudad de Blankenburg, en la Turingia alemana. Su preocupación por la falta de atención a la primera infancia y su compromiso con diferentes experiencias educativas de la época lo llevaron a desarrollar los fundamentos propios de la educación destinada a esta etapa de la vida. Llevó a la práctica estas ideas mediante la creación de una institución específica (jardín de infantes), denominada Kindergarten en alemán.
Cuenta uno de sus discípulos que mientras paseaba junto a Froebel en un hermoso día de primavera, su maestro insistía en la necesidad de buscar un nombre para la institución que estaba por crear. En determinado momento se detuvo a contemplar desde lo alto el paisaje de Blankenburg y súbitamente dijo Kindergarten será el nombre de la nueva institución (cf. Peralta E., 2002). Cuatro años después de haber creado el jardín de infantes para niños de tres, cuatro y cinco años, Froebel (1844) publicó el libro Mutterund Kose-Lieder (Cantos para la madre), considerado el primer material didáctico de orientación para la educación de los bebés en el hogar.
«El Kindergarten de Froebel (...) comenzó por dedicar su atención a la época más descuidada de la vida, la de 3 a 6 años de edad, pero sus ideales iban más allá.
La educación del hombre6 , que expone los fundamentos de su sistema, no se refiere sólo a ese período, sino a todo el que pertenece al desarrollo, que empieza con la lactancia y acaba cuando la adolescencia termina.» (Compte y Riqué, 1992a:268)
Es importante señalar que Varela (1964a) ya se había referido a la necesidad de educar desde el nacimiento.
«Un niño viene al mundo, y, desde entonces, empieza su educación. [...] Cada objeto que produce una sensación; cada deseo satisfecho o contrariado: cada acto, palabra, o mirada de afección o de disgusto, produce su efecto, unas veces ligero e imperceptible, otras obvio y permanente, en la construcción, en la gestación del ser humano...» (idem, p. 22)
En 1926, Enriqueta se refirió con cierto enojo a la imagen simbólica que la denominación Jardín de Infantes generaba en algunas personas antes de su organización como Escuela Elemental.
«Hasta entonces, para el criterio vulgar, mis compañeras y yo, no habíamos sido maestras, sino maestras jardineras. Entiéndase que el sustantivo se nos concedía solamente para no confundirnos con las personas que cuidan canteros. No era mucho más amplio el concepto que algunas personas, de nosotras tenían. En jugar, cantar, entretener con pedacitos de madera y papelitos, consistía para esas personas, todo nuestro cometido.» (Compte y Riqué, 1992b:309)
La obra de Federico Froebel se expandió rápidamente a nivel mundial. La idea de que la educación de los niños pequeños debe basarse en el juego y en la actividad comenzó a generalizarse, y dio lugar al desarrollo de diferentes modelos operativos organizados acorde a los principios específicos de la educación en la primera infancia.
En nuestro país, el Jardín de Infantes de Montevideo (1892) se mantuvo como la única institución de su tipo dentro de la educación pública durante largo tiempo. En la segunda mitad del siglo XX se produjo un progresivo desarrollo de los jardines de infantes y el surgimiento de las clases jardineras. Al mismo tiempo se sumaron otros actores públicos y privados, lo que dio origen a un mapa heterogéneo compuesto por diversas modalidades de atención con distintas denominaciones.
La celebración del Día del Jardín de Infantes contempla esta diversidad.
«(...) Que la denominación “Jardín de Infantes” dada a este tipo de instituciones a fines del siglo XIX comprende conceptualmente las diversas modalidades y formatos que la Educación y Atención de la Primera Infancia ha desarrollado en el Uruguay en el siglo XXI.» (ANEP. CODICEN, 2018)
Actualmente, la sociedad reclama un mayor número de centros de educación y cuidados destinados a los niños pequeños desde sus primeras semanas de vida hasta su ingreso a la educación primaria, que brinden atención integral con una mayor carga horaria. Las razones para este aumento de la demanda son múltiples. Por una parte, porque el conocimiento académico confirma cada vez más la validez de las ideas sustentadas por los precursores de la educación de la primera infancia. Por otra parte, porque la atención (educación y cuidados) de los niños pequeños es permeable a los cambios sociales, especialmente a los que se relacionan con la organización de la familia y la situación de la mujer, dos temas de absoluta vigencia.
- 1cf. ANEP. CODICEN (2018): Circular Nº 5/2018 (a partir de la Resolución Nº 2 del Acta Nº 4 del 15 de febrero de 2018): Día del Jardín de Infantes.
- 2Enriqueta Compte y Riqué (Barcelona, 31 de diciembre de 1866 – Montevideo, 18 de octubre de 1949).
- 3José Pedro Varela (Montevideo, 19 de marzo de 1845 – Montevideo, 24 de octubre de 1879).
- 4v. Varela (1964b:147-154)
- 5Federico Froebel (Oberweissbach, 21 de abril de 1782 – Marienthal, 21 de junio de 1852).
- 6FROEBEL, Federico (1886): La educación del hombre. Nueva York: D. Appleton y Compañía.
Entre los años 2006 y 2011, con el propósito de reconstruir los procesos fundacionales de los 189 jardines de infantes existentes hasta ese momento, la Inspección Nacional de Educación Inicial del entonces Consejo de Educación Inicial y Primaria llevó a cabo, junto a los equipos docentes, un proyecto denominado “Identidades” (ANEP. CEIP. INAEI, 2011). Constituyen procesos fundacionales únicos, originales y característicos de cada comunidad que en su conjunto conforman la historia de la educación inicial pública del Uruguay, cuyo punto de partida data del 10 de marzo de 1892.
En el marco del mencionado proyecto se propusieron las siguientes actividades:
▪ A nivel de aula:
- Abordar contenidos curriculares referidos al Área del Conocimiento Social, que involucren a los niños y sus familias en acciones de investigación sobre el proceso fundacional de la institución.
▪ A nivel institucional:
- Generar acciones con la comunidad que contribuyan a recuperar, reconocer, registrar y difundir la identidad institucional.
- Ampliar la investigación hacia las escuelas del entorno y elaborar una síntesis narrativa con los principales hallazgos.
El propósito de la Inspección Nacional de Educación Inicial consistía en resguardar las historias mínimas relacionadas con la creación de cada jardín de infantes, preservándolas en el archivo institucional7
.
Se les sugirió a los equipos docentes indagar en los registros documentales existentes: libros oficiales de la institución, fotografías, artículos en la prensa nacional o local referidos al tema, resoluciones del organismo sobre la fundación del Jardín de Infantes, testimonios escritos como cartas, notas...
Se invitó a los equipos docentes para que junto a los niños y sus familias salieran a la búsqueda de los protagonistas del proceso fundacional: directores, maestras, personal auxiliar, alumnos, vecinos, organizaciones barriales, entre otros.
Se impulsó la creación de archivos de los documentos, de las imágenes y de las palabras mediante la grabación de entrevistas a los actores locales o institucionales que participaron de la fundación, la recuperación y organización de fotografías o filmaciones existentes, del registro de anécdotas.
El análisis de las historias relevadas evidenció, al menos, cuatro modalidades relacionadas con el impulso a la creación de jardines de infantes, llevadas a cabo en la segunda mitad del siglo XX e inicios del siglo XXI: 1) por iniciativa, demanda y gestión de la comunidad;
2) por iniciativa de una persona o de un grupo de individuos; 3) por desprendimiento de grupos de una escuela primaria; 4) por planes de creación diseñados desde la Administración Nacional de Educación Pública. Hasta el año 2011 por lo pronto, estas dos últimas modalidades fueron las menos frecuentes.
A juzgar por las informaciones y los aportes recibidos, el proyecto “Identidades” tuvo una excelente aceptación. Contó con el compromiso de los equipos docentes; contribuyó al fortalecimiento de la identidad y especificidad de cada jardín de infantes en particular, y de la educación inicial en su conjunto. Este antecedente constituye una invitación abierta para que tras la fundación de cada nuevo jardín de infantes se resguarden los testimonios referidos a su creación, comenzando así a escribir las páginas de su historia mínima como aporte a la gran historia de la educación inicial del Uruguay.
- 7Existen copias de las narrativas recibidas por la Inspección Nacional de Educación Inicial en archivos del Museo y Biblioteca Pedagógicos de Montevideo.
El desarrollo de la educación inicial de Uruguay, desde fines del siglo XIX hasta el momento actual, ha contado siempre con el compromiso tanto del personal docente como del no docente a cargo de dicho nivel. Constituyen un colectivo abierto a las transformaciones, comprometido con el bienestar de los niños y que, por lo tanto, defienden y aplican los principios fundacionales de la educación destinada a esta etapa de la vida: juego, actividad, integralidad, participación, singularidad, relación, ambiente enriquecido, significado, escucha, comunidad, contextualización y globalización (cf. UCC. CCEPI, 2014).
Aunque la discusión relativa al marco institucional para la atención (educación y cuidados) de la primera infancia no está resuelta a nivel mundial, se oyen cada vez más voces respecto a la imperiosa necesidad de pensar las instituciones para esta etapa de la vida en atención a su especificidad. El centro educativo implementado para la atención en continuidad de los niños desde los primeros meses de vida hasta los cinco años de edad, que contemple los dos ciclos (nacimiento a treinta y seis meses, y tres a cinco años), es el modelo que se abre paso para universalizar definitivamente esta etapa educativa dentro de los sistemas educativos del mundo.
Mientras esto no suceda, resulta imperioso reconocer que la heterogeneidad de las propuestas existentes y la fragmentación de la gestión requieren de acuerdos y acciones conjuntas de los diversos actores institucionales e intersectoriales, para garantizarles a todos los niños la mejor atención integral y los mismos criterios de calidad, cualquiera sea el modelo institucional de atención (educación y cuidados) al que concurran. Asimismo resulta imprescindible integrar a las familias y la comunidad en este proceso.
Como ya se ha dicho, la creación en el año 1892 del primer jardín de infantes público estatal de Uruguay y de Latinoamérica fue seguida de un largo compás de espera. La investigación histórica revela que en la Memoria Anual presentada ante la Dirección General de Instrucción Pública en 1893, el Inspector Nacional de Instrucción Primaria Don Urbano Chucarro expresaba lo siguiente:
«Resuelto, pues, como queda demostrado el arduo problema de la planteación y sostén de los jardines de infantes, debemos, en mi concepto, tratar de que se autorice la creación de otros varios; cuatro por lo menos que ubicaríamos en los barrios más populosos de la ciudad, pues si, como manifesté en mi Memoria del año pasado, el ensayo ha sido satisfactorio y los resultados superan a las esperanzas, no obraríamos con cordura ni equidad manteniendo solamente uno. [...] ¿se detendrán los legisladores por temor a una erogación relativamente insignificante?» (Chucarro, 1894:60)

Transcurridos ciento treinta años, esta interrogante continúa abierta reclamando el compromiso de los legisladores y de la sociedad en general para que la educación en la primera infancia se instale definitivamente con criterios cuantitativos y cualitativos acordes a los conocimientos existentes, a lo dispuesto en la Convención sobre los Derechos del Niño y a las necesidades sociales, teniendo en cuenta siempre la perspectiva de los niños. En cuanto a la naturaleza del jardín de infantes coincidimos con Frabboni (1987:42) cuando hace referencia a la escuela infantil «...como terreno en el que la infancia se siente llamada a reivindicar y apropiarse de la expresión libre de sus necesidades más profundas y de sus energías-recursos más originales y auténticos».

