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Diciembre del 2022
Cambia... ¿todo cambia?

Elbia Pereira

Elbia Pereira

Maestra

Un año más que finaliza, y nos encuentra inmersos en una reforma educativa que propone el gobierno. Este tema no recoge opiniones unánimes en ningún sector de la sociedad, ni siquiera a nivel del gobierno. Y lo más grave es que todos los documentos que se han presentado son cambiados prácticamente todas las semanas, todos con carácter de borrador. Se justifican diciendo que son documentos “en construcción”.

Se ha solicitado la opinión de los colectivos orgánicos, tales como las Asambleas Técnico Docentes que por ley deben ser consultadas preceptivamente, pero no la de los sindicatos. Los docentes aún no conocen el documento definitivo, ya que el gobierno ha manifestado su voluntad de realizar cambios en la educación aun sin el apoyo de los principales actores que deberán instrumentar los cambios propuestos.

Esta reforma que se pretende instalar no ha contado ni con la opinión ni con el asesoramiento de los colectivos profesionales que han dedicado y dedican su vida laboral a la tarea de educar, de aprender y de enseñar. Y pretenden que a través de unas jornadas de capacitación, no de formación, las y los docentes se vean seducidos por el carácter universitario de un título, con una capacitación que desarrollarán durante el verano. ¿Qué trabajo de extensión deberán realizar? ¿Sobre cuál tema llevarán adelante una investigación? ¿Cómo desarrollarán la tarea de enseñar, si no profundizarán en el principal objeto de estudio que es enseñar? ¿De qué cambio hablan?

Cegados por el discurso del fracaso absoluto de la educación que pretenden instalar, y con esa premisa como argumento, quieren imponer una transformación condenada al fracaso.

La educación es un derecho humano fundamental para todas las personas a lo largo de toda su vida, pero las desigualdades de acceso determinan las diferencias en los resultados. Estamos hablando de personas, no de vasijas para llenar de contenidos.

Se pretende recortar este derecho privando a los educandos de la posibilidad de elegir, de optar, de manifestar sus preferencias, negando un principio fundamental.

Las personas son iguales porque son diferentes, y la aceptación de esta diversidad es precisamente la que enriquece la tarea de educar.

Desde posturas antagónicas que se evidencian en las palabras dichas y escritas por las autoridades, el derecho a la educación integral es un privilegio para algunos. Y es percibido como gasto, y no como una de las mayores responsabilidades que cualquier Estado debe asumir. La democratización de los saberes y el acceso al conocimiento deben estar asegurados.

Apropiarse de los saberes que construyen la ciencia, el arte, el oficio y la cultura permite el desarrollo personal y colectivo como integrantes de una comunidad que trasciende la barbarie.

La educación humaniza y potencia el desarrollo de una sociedad en convivencia pacífica, donde el respeto por las normas, que implica asumir responsabilidades y compromisos, es parte del patrimonio personal y colectivo. Este aprendizaje se comienza a construir desde la primera infancia hasta que cada persona decide culminar la educación formal. Aprendices seremos hasta nuestro último aliento.

En una democracia como la de nuestro país, el desarrollo personal y el colectivo deben estar garantizados para todas las personas, sin exclusiones de ningún tipo.

¿Quiénes deben ser los garantes? Indudablemente las familias integradas de diversas formas, las instituciones educativas públicas y privadas en todos los niveles a medida que las personas van transitando su desarrollo vital, las instituciones de salud cuando a lo largo de este proceso se presentan dificultades o condiciones que requieren atención. Pero quienes especialmente tienen la mayor responsabilidad de ser garantes son las personas que ejercen las tareas de gobierno, representando a la ciudadanía y a todas las personas que habitan nuestro país.

Por tanto, quienes ejercen los cargos políticos de los diferentes organismos de la educación, al menos deben ser docentes o haber ejercido la docencia.

Improvisar o delegar en expertos la toma de decisiones respecto al tema educación solamente nos puede conducir al fracaso, y a un clima de incertidumbre que las y los docentes no merecemos a la hora de ejercer nuestra profesión, la que conlleva un componente vocacional muy fuerte así como el compromiso con toda la sociedad.

Por lo expresado alentamos a todas nuestras compañeras, a todos nuestros compañeros a continuar brindando lo mejor en favor de toda la sociedad, y especialmente de nuestras infancias donde la exclusión y la vulnerabilidad son moneda corriente en estos días, hipotecando su futuro. Recientemente hemos conocido que casi el veinticinco por ciento de los hogares del quintil más bajo donde habitan nuestros niños y niñas padecen insuficiencia alimentaria, y esos datos duelen y nos interpelan como sociedad.

Es necesario continuar nuestra lucha para que nuestra tarea reciba el reconocimiento merecido. Durante la pandemia ocupamos las primeras filas de contención frente a la incertidumbre que nos tocó transitar.

Debemos estar convencidas y convencidos de la importancia de nuestro rol en la sociedad, ejerciendo nuestra tarea con libertad, compromiso y alegría.

Si tenemos la certeza del papel transformador de la educación en la vida de las personas, los valores mencionados serán parte de nuestro hacer cotidiano y de los vínculos con todas las personas de nuestra sociedad, sin fragmentaciones ni brechas, y con enfoque basado en derechos.

Les deseamos un excelente fin del año lectivo a todas las maestras, a todos los maestros, a todas y todos los docentes que enfrentan el desafío de educar cada día, a pesar de los recortes y las situaciones difíciles que implica el hacer cotidiano en las escuelas.

Y desde ya les exhortamos a continuar en el camino de la lucha en unidad y compartida para lograr la mejor educación que nuestras niñas y nuestros niños merecen. A no decaer, juntas y juntos somos más fuertes.

Referencias bibliográficas