Rosario Ramos
Maestra.
Es necesario comenzar con una síntesis histórica. El Programa Maestros Comunitarios (en adelante, PMC) nace en 2005 –con el esfuerzo económico del Estado (CEIP y MIDES) y el apoyo de UNICEF– como una política educativa que responde a una necesidad generada por una enorme crisis social (2002) en la que, como siempre, se afectan las poblaciones con mayor vulneración de derechos.
Es en los sectores de mayor pobreza donde los niños y las niñas se desafilian con más facilidad de la educación formal, donde la educación pierde sentido, cuando hay necesidades básicas insatisfechas, padres sin trabajo, referentes sin tiempo real o con poca credibilidad en sus derechos. También es donde hay mayores niveles de repetición, donde hay mayores niveles de carencias en general. Donde hay menos acceso a la cultura, a los espacios públicos, a la verdadera democratización de los derechos. A la igualdad de oportunidades sin importar dónde se nazca. El Estado decidió una inversión que costó mucho y que dio su fruto. Acortar la brecha y creer en las posibilidades de todos es el camino que permite construir una sociedad más justa.
El PMC, con base en la historia misma del Magisterio Nacional, es reconocido nacional e internacionalmente. Con aciertos y con errores como todo lo humano, las evaluaciones internas y externas y el monitoreo anual siempre mostraron saldo positivo aun reconociendo que es un programa perfectible. Los maestros comunitarios (547 hasta 2017 en todo el país) trabajan sin excepción en las escuelas de mayor vulneración de derechos (quintiles 1 y 2) para, a partir de la posibilidad y creyendo en ella, acercar a las familias a la escuela y mejorar los aprendizajes de los niños, sujetos de educación del docente.
Con distintas líneas de trabajo se buscó integrar a los niños, llegando a las causas de su desafiliación o su baja asistencia. Esto se realizó trabajando en hogares, trabajando en pequeños grupos a contrahorario, trabajando con adultos referentes o con niños extraedad, y también en el sostenimiento y enlace de niños de sexto grado con Enseñanza Media.
Cabe aclarar que el PMC plantea otra forma de hacer escuela, saliendo de los muros de la institución y buscando todas las áreas del conocimiento para encantar con el saber. Cada maestra o maestro realiza su función como extensión del tiempo pedagógico de un grupo de veinte estudiantes.
Son incontables los ejemplos de los logros vividos en los años que ejercí cómo directora de escuelas con maestros comunitarios, así como los logros de familias, niños y docentes en las visitas realizadas a hogares, en la disminución de la repetición de los niños y sobre todo en la mejora del deseo de aprender, por lo tanto en los resultados de los aprendizajes.
Es también muchísimo lo avanzado en cuanto a estrategias didácticas y pedagógicas en los colectivos docentes. Ese docente que debe interpelar su propio hacer para buscar el hacer del otro. En dichos colectivos fue posible pensar el desempeño de los estudiantes, dejando de lado las soledades y a veces las injusticias de las decisiones individuales.
También como inspectora de zona constaté los logros del PMC y la imposibilidad de pensar la escuela sin ese rol en los contextos más desfavorecidos, así como el permanente reclamo de otras escuelas de poder contar con el rol del maestro comunitario. Entre 2012 y 2017 ejercí la Coordinación Nacional del PMC, convencida de que allí estaba la clave para lograr una escuela pública para todos, una escuela comunitaria. Una escuela que sea de todos y para todos. Esa escuela donde se apoyan los valores democráticos de nuestro país.
Con maestros comunitarios que cumplan con los objetivos básicos de sus funciones: encantar y restituir el deseo de aprender, vinculando a las familias con la institución para ejercer su rol de referentes adultos. Esto parece simple, pero los docentes bien sabemos que no es fácil, máxime cuando se viven situaciones como la actual pandemia.
Con articulaciones interinstitucionales desde el comienzo y con inversiones importantes de UNICEF, del MIDES y del CEIP se logró aplicar una política educativa que costó y que avanzó con creces. Se institucionalizó, se crearon las funciones, se le dio disponibilidad y jerarquía institucional. Política educativa que en un período de quince años se afianzó y dio posibilidades de repensar la escuela a la vez que permitió hacer escuela.
Todos logros que se vieron en el territorio con maestros recorriendo hogares, con libros, ceibalitas, juegos, coordinaciones con el MSP, con clubes, con ONG, con teatros...
Los niños del PMC hicieron campamentos, fueron al teatro como público, como actores en el Teatro Solís, se crearon huertas cooperativas, etcétera. Política educativa que formó seriamente a sus maestros con talleres, foros, conferencias y con un curso de dos años con reconocimiento del IFS (Instituto de Formación en Servicio) y el apoyo de la FHCE. Política educativa que en campaña electoral, de un modo u otro, todos los partidos políticos mencionaron, aplaudieron, reconocieron. Entender la educación como un acto político evidencia la cualidad del PMC como herramienta para la superación de desigualdades, que trasciende lo político partidario.
Resulta inentendible entonces que se elija el camino del recorte de los derechos laborales a los maestros comunitarios en un momento en que su función es más necesaria que nunca, así como valorada en conferencias de prensa.
Se ha reconocido la profundización de la brecha social en estos tiempos. ¿Es posible que en este momento se les cambien las condiciones laborales a los maestros comunitarios, generando angustia y determinando seguramente que los docentes con derechos adquiridos y con experiencia en la función no continúen desempeñándola?
Es, a mi modesto modo de ver, una desinteligencia o una intención explícita de desmantelamiento del Programa por parte de las actuales autoridades de la Dirección General de Educación Inicial y Primaria, que por lo menos no condice con lo que la dirigencia política ha expresado en su campaña y con lo que se venía logrando con el trabajo consecuente de los maestros comunitarios. En tiempos de crisis se recorta donde más se necesita, se cambia el Reglamento para proveer la función de maestro comunitario de 2008. Los docentes pierden su carácter anualizado.
No se les está reconociendo su trabajo y la especificidad de su función. No olvidemos que el maestro comunitario es, en general, un maestro efectivo con conocimiento de la comunidad educativa, quien tiene condiciones para el desempeño de la función y es designado por el director de la escuela.
Esperemos que esta situación se revea.
