Víctor Brindisi
Maestro
«Toda persona tiene derecho a disfrutar de la paz de tal manera que se promuevan y protejan todos los derechos humanos y se alcance plenamente el desarrollo.»
Entre los conceptos expresados por la UNESCO respecto a la paz se señala que es incompatible con la desnutrición, la miseria y la negación del derecho de los pueblos a disponer de sí mismos. Solamente puede ser duradera una paz justa que se funde en el respeto de los derechos humanos.
Sin considerar la actual pandemia, que deseamos pueda superarse por el bien de todos, a través de conceptos vertidos por destacadas personalidades (Noam Chomsky, Federico Mayor Zaragoza y Boaventura de Sousa Santos, por mencionar algunas) se reconoce que existen tres procesos en desarrollo, los que ponen en peligro el futuro de la Humanidad:
1) Una profunda crisis climática y ecológica del planeta.
2) Una creciente desigualdad social, económica y cultural entre los seres humanos.
3) La carrera armamentista y la amenaza nuclear.
1) El creciente deterioro de nuestro planeta continúa desarrollándose. Más allá de los acuerdos y las promesas de las reuniones internacionales de Río en 2012 y de París en 2015, sigue sin cumplirse una acción real y efectiva contra la contaminación y en favor de un desarrollo sostenible que es esencial para la vida de la población mundial y que compromete, a cercano plazo, el futuro de la misma. Previo a la 25.ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP25), realizada en Madrid en diciembre de 2019, quedó claro que el mundo debe reducir las emisiones contaminantes en un 7,6% anual entre 2020 y 2030, para frenar el calentamiento global en 1,5 °C (Informe sobre la Brecha de Emisiones [UNEP, Ginebra, noviembre de 2019]). En su intervención en la Conferencia, el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, señaló que las naciones del G20, es decir, los países más desarrollados, son responsables del 78% de todas las emisiones globales. Quedó en evidencia la ausencia de las dos potencias mundiales, Estados Unidos y China, y consecuentemente la duda de sus compromisos de cumplir con las importantes resoluciones que se adopten.
2) Muchas regiones del planeta viven hoy circunstancias traumáticas para cientos de millones de seres humanos.
La desigualdad económica es cada vez mayor y la pobreza extrema avanza en países y regiones de Asia, África y América Latina.
Un claro ejemplo de desigualdad lo constituyen las olas migratorias que se desarrollan actualmente en diversas regiones e involucran a millones de niños, mujeres y hombres, que en muy duras condiciones arriesgan hasta sus vidas.
En el planeta trabajan ciento sesenta millones de menores de dieciocho años, muchos en condiciones parecidas a la esclavitud, lo que impide un desarrollo y una educación normales. La información, actualizada en 2017, de ochocientos veintiún millones de seres que viven en pobreza extrema, cifra que no decrece, es vergonzante.
3) La inmoral carrera armamentista es liderada por las grandes potencias mundiales que junto a los países desarrollados producen, venden y utilizan armas capaces de destruir el planeta, las que generan un altísimo costo, más de 1,8 billones de dólares anuales que, utilizados adecuadamente, podrían sacar de la pobreza extrema a la población mundial que pasa hambre, frío, enfermedades. También esos recursos posibilitarían el avance científico y tecnológico que lograría reducir la contaminación ambiental y ampliar otros campos de investigación para mejorar la salud y la calidad de vida humana.
El espíritu de Hiroshima nos obliga a pensar no solo en el momento en que se vivió la tragedia, sino al día de hoy, y mirar nuestro presente y nuestro futuro, para decir que debemos levantar nuestras voces y acciones para defender un mundo sin armas y guerras.
La Educación es la principal herramienta para la construcción de un ser humano respetuoso y respetado con y por sus semejantes. Desde la primera infancia debemos inculcar esos ideales mediante prácticas que alejen a los niños y jóvenes de la violencia y el egoísmo.
La paz es una necesidad suprema de la Humanidad. La familia, la escuela, toda la sociedad, deben actuar en favor de la paz. Es necesaria una acción conjunta, permanente, constante, globalizante. Como titulan la campaña las organizaciones pacifistas francesas: “Actuemos juntos por la paz, el clima, la justicia social, los derechos humanos, el desarme nuclear.”
