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Febrero del 2019
Menos es más. La comprensión profunda como objetivo educativo
menos es mas

Melina Furman

Melina Furman

Bióloga por la Universidad de Buenos Aires. Doctora en Educación por Columbia University (EE. UU.). Profesora de la Escuela de Educación de la Universidad de San Andrés e Investigadora del CONICET (Argentina).

Hoy más que nunca, la pregunta por el sentido de la escuela aparece en todos los debates educativos.
¿Cuáles son los grandes propósitos de la educación?

¿Qué tipo de niños, niñas y jóvenes nos proponemos formar?

¿Qué grandes aprendizajes esperamos que los estudiantes logren en los años que transitan la escuela?
La respuesta no es única, y mucho menos sencilla. Pero en este artículo espero aportar una visión que ayude a mirar con una lupa potente nuestra práctica cotidiana y, a partir de ahí, empezar a recorrer el camino de la transformación pedagógica en cada aula y cada institución.
Seguramente estemos todos de acuerdo en la necesidad de que la escuela asegure cierto  cuerpo de conocimientos clave para la vida, que forman parte de nuestro acervo cultural compartido. Y seguramente coincidamos también en que esos conocimientos (al menos hoy) están estipulados por los programas de las distintas asignaturas y áreas curriculares. Sin embargo, las investigaciones nos muestran que, en la práctica, los alumnos egresan de la escuela como portadores de un saber superficial, fragmentado y poco relevante (Fiszbein,
Cosentino y Cumsille, 2016); como conocedores de datos, hechos y procedimientos que logran repetir, pero sin entender del todo ni utilizar para resolver problemas o tomar decisiones en la vida real.
Pero hay algo peor; año a año, los estudiantes se van acostumbrando a que aprender es eso: entender de forma parcial, o recitar “como loros” cosas que no les terminan de cerrar. Al hacerlo, van construyendo un hábito de la no comprensión, que luego es difícil de desaprender.

Referencias bibliográficas