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Agosto del 2025
Literatura infantil
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Leticia Albisu Viacava

Leticia Albisu Viacava

Maestra.

Magíster en educación.

Especializada en Culturas escritas y alfabetización inicial, en Psicopedagogía clínica, y en Educación y nuevas Tecnologías.

Docente de Lengua en IINN.

Investigación en temas de Lengua e inclusión educativa.

El presente artículo es un documento ampliado del que fue presentado como ponencia en la Feria del Libro Infantil y Juvenil, mayo 2025, en la mesa titulada Elogios a la Literatura Infantil.

«El olvido no es victoria sobre el mal ni sobre nada
y si es la forma velada
de burlarse de la historia
para eso está la memoria que se abre de par en par
en busca de algún lugar que devuelva lo perdido
no olvida el que finge olvido sino el que puede olvidar.»
Benedetti (1987)
 

Literatura: espacio de encuentro

«...la lectura tiene mucho que ver con  el espacio, toca los cimientos espaciales del ser. Parece ser un atajo privilegiado para encontrar un lugar, meterse allí, anidar.»
Petit (2015:47)
 

Nos referimos entonces a la lectura como otras maneras de estar y de habitar los espacios y tiempos, en un espacio y un tiempo propios, en los que imaginación, fantasía, alegrías y tristezas pueden brotar libremente, sin prejuicios, sin ataduras; porque se trata de un lugar seguro, que es posible por los libros, por la literatura. Al hacer mención a los lectores, Petit (2008:106) señala: «Leer les permitía escaparse, viajar por poder, abrirse a lo lejano. Y a partir de ese territorio íntimo discretamente conquistado, veían las cosas de otra manera».

La literatura, y la literatura infantil en particular, posibilita espacios y territorios desconocidos hasta que se entra en ellos, hasta ese momento mágico de abrir la tapa, de comenzar a mover las páginas, a veces lentamente, a veces más rápidamente y hasta “torpemente” cuando lo hace un bebé. Pero allí está el nuevo espacio que recibe, que invita a vivir, a pensar, a vibrar con otras formas y otros mundos posibles.
«Lectura como encuentro entre subjetividades, como develar un secreto que otro ha escondido para nosotros.» (Andruetto, 2015:89)

Si pensamos en las pérdidas que sufrimos en algún momento de la vida por eventos inesperados, migración, guerra, los libros pueden transformarse o convertirse, o podemos posibilitar que se conviertan en lugares de acogida y refugio para mantener viva la memoria. Recuperar paisajes, recuerdos familiares, los libros como hogares prestados que pueden ser habitados cuando se desee, se puede entrar y salir de ellos cuando se decida.  De este modo, «...la lectura puede ser, a cualquier edad, un atajo privilegiado para elaborar o mantener un espacio propio  (...) es “una habitación para uno mismo” (...) incluso en contextos donde no parece haber quedado ningún espacio personal» (Petit, 2008:43)

Los cuentos maravillosos

«...¿qué es un cuento sino un traje hecho de palabras? Su misión es re- velar la verdad. Para eso existen los cuentos, para vernos desnudos. Los cuentos de Andersen, como los trajes del emperador más melancólico, nos piden que no desdeñemos la tristeza, ya que en ella se guarda la memoria de esa vida que tal vez merecimos pero no pudimos alcanzar.»
 

 

La literatura nace de la memoria, y es allí donde encontramos los cuentos clásicos: Blancanieves, Hansel y Gretel, Cenicienta, de los Hermanos Grimm; Caperucita Roja, El gato con botas, Pulgarcito, La bella durmiente, de Perrault; El patito feo, La sirenita, El traje nuevo del emperador, de Hans Christian Andersen. Estos cuentos maravillosos eran de tradición oral, se transmitían de boca en boca.

«La literatura de tradición oral, de carácter anónimo y popular, se transmitió de boca en boca hasta que la escritura permitió dejar registro de ella y su recopilación fue posible, cobrando especial relevancia durante el siglo XIX de la mano de la industrialización y la alfabetización como derecho de todos los sujetos en el marco del romanticismo que propiciaba la búsqueda de las raíces nacionales.» (Albisu Viacava, 2020:21)

La literatura posibilita no olvidar, es entonces memoria viva. Memoria individual, memoria colectiva que preserva, de algún modo, la identidad colectiva de un determinado momento histórico. En La bella durmiente, por ejemplo, podemos identificar las trazas de un determinado momento histórico,  la Edad Media, «...se   asocia al cronotopo de sociedades ágrafas donde las personas plasman en el cuento su cultura para mostrársela a las generaciones venideras»  (Fernández, 2014:19).

La escritura aparece como herramienta para guardar memoria, para no olvidar, para organizar ideas y experiencias y para, de algún modo, resistir al olvido. Cuando leemos nos aventuramos a un mar de imágenes, de sonidos y de sensaciones de otros mundos posibles a partir de la activación de la memoria. Así, en la literatura, podemos encontrar hilos dispersos del recuerdo, y los lectores, cada cual desde su historia personal, tejen y entretejen el entramado de significaciones, «...deslizan entre las líneas su deseo, sus fantasías, sus angustias» (Petit, 2008:45).

«El almacén del conocimiento dejó de ser exclusivamente acústico, se convirtió en un archivo material y por tanto   se podía ampliar sin límites. Así, la literatura ganó la libertad de expandirse en todas las direcciones, ya no tenía que administrar con avaricia la acotada capacidad del recuerdo.» (Vallejo, 2023:104)

Con relación a los clásicos como Pinocho es interesante visitar el cuento de Galeano (2012), “El mentiroso que nació tres veces”.

«En 1881, cuando Pinocho llevaba no más que dos meses de vida, ya era el ídolo de la infancia italiana.
El libro que narraba sus aventuras se vendía como si fuera caramelo.
Pinocho había sido creado por el carpintero Geppetto, que a su vez había sido creado por el escritor Carlo Collodi.» (Galeano, 2012:251)


Es aquí donde parece abrirse paso a la necesaria intertextualidad, Las aventuras de Pinocho (Collodi, 2005) es un libro que consta de treinta y seis capítulos, y lejos está de tratarse de una versión de bolsillo.

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Los libros-álbum

«El nacimiento del álbum ilustrado está estrechamente ligado al progreso de la literatura ilustrada y, por tanto, de las técnicas y métodos de impresión que permitieron una nueva concepción de la página, de la relación entre texto e imagen y de la ilustración.»
Larragueta Arribas (2021:170)

En el siglo XX aparece un nuevo género literario: el libro-álbum, y con él surge otra estética y otra forma de literatura pensada para la infancia que cuenta, generalmente, con guiños para los adultos. Se trata de libros caracterizados por la intertextualidad entre el texto verbal y la imagen, donde el significado se da por la complementariedad de ambos lenguajes. El libro-álbum desafía la linealidad del texto escrito, proponiendo una lectura no secuencial que convoca al lector a una experiencia de interpretación activa en la que las imágenes no ilustran, sino que dialogan con el texto.
 
Autores como Anthony Browne y Maurice Sendak  además  ilustran  sus  obras, y a través de la imagen, con sus exquisitas ilustraciones, no solo presentan y dan a conocer los lugares y los personajes al detalle, sino que le delegan a la imagen la responsabilidad de presentar hilos narrativos completos.

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Los cuentos tradicionales son parte de la cultura escrita, de la memoria colectiva, trascienden lugares geográficos y momentos históricos. Autores como Andersen, Perrault o los Hermanos Grimm han escrito historias que se actualizan generación tras generación.
 

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Otras versiones de los clásicos, en tanto que versiones contemporáneas –varias en formato de libro-álbum–, conllevan la reinterpretación de estos cuentos maravillosos. Este proceso literario también forma parte de la dinámica de la memoria cultural, en cuanto necesaria intertextualidad entre lo clásico y lo contemporáneo a partir del diálogo con el pasado desde su propio contexto. A través de sus nutridas y coloridas ilustraciones, el libro-álbum La niña de rojo, de Roberto Innocenti, nos muestra una versión contemporánea de Caperucita Roja. ¿Cómo nos damos cuenta de que es una versión contemporánea? Porque apelamos a nuestra biblioteca mental, a esos otros cuentos conocidos como lo es esta obra clásica.
 

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Al llegar al desenlace de la historia y encontrarse con un final alejado del final feliz, la narradora, que es una abuela que teje un cuento, expresa:

«Tranquilos, niños, que no os dé vergüenza llorar.
Las lágrimas son tan naturales como la lluvia.
Pero ahora no hay motivo para llorar.
¿Recordáis lo que os dije sobre los cuentos?
Son mágicos.
¿Por qué han de tener entonces un solo final?»

Y propone otro final posible, que es pensar en otros caminos, otras formas, otras circunstancias, donde los espacios acogen y protegen, y que está en nosotras y nosotros ir más allá de lo inexorable, y ser así protagonistas de nuestras propias historias. El libro aparece, una vez más, como lugar de acogida, con otros finales posibles, donde la imaginación y el deseo significan y resignifican las historias.
También nos encontramos con otros álbumes que incluyen imágenes, pasajes o vínculos con algunos clásicos. Un ejemplo es el libro Feroz... ¡Feroz!, de Liliana Cinetto, en el que Lobi, un lobo diferente al malvado de los cuentos clásicos, es el protagonista de la historia.

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 Es familiar del lobo de Los siete cabritos y del de Los tres cerditos. De esto nos enteramos por las imágenes y por algunas frases que aparecen en el cuento. Desde su narrativa, estos libros proponen un  diálogo con la literatura tradicional,  dialogan  con los cuentos clásicos activando la memoria colectiva del lector. Claro que el cuento se comprende si no se conoce a estos personajes o guiños a los clásicos pero, sin lugar a dudas, contar con este conocimiento posibilita significar la historia desde otros lugares, apelando a la imaginación y a la interrelación de obras desde la primera infancia.

Tejer historias como hilvanes de memoria


«Pareciera que al tejer historias, al zurcir los recuerdos y al empalmar los retazos de reminiscencias del pasado, se tejen, casi sin darnos cuenta, hilvanes de memoria.»
Albisu Viacava (2025
 

 
La memoria también aparece como virtud de personajes de cuentos, como es el caso de Frederick, de Leo Lionni.

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Se trata de la historia de una familia de ratones de campo que se preparan para el invierno a partir de la recolección de provisiones. Frederick no participaba de la búsqueda de alimentos, sino que se quedaba sentado mirando el paisaje. Al llegar la primera nevada, los cinco ratoncitos se metieron en su agujero entre las piedras para sobrellevar el frío. Cuando se acabaron las provisiones, Frederick compartió lo que había guardado en su memoria.

«“Cerrad los ojos”, dijo Frederick mientras se subía a una enorme piedra.
“Ahora os envío los rayos de sol. ¿Sentís su dorado aliento?”
Y mientras Frederick les hablaba del sol, los cuatro ratoncitos comenzaron a sentir su calor.
¿Sería la voz de Frederick?
¿Era magia?»


Y así siguió evocando colores y poemas. Es en el poema, en el cuento, en la novela, donde quienes escriben van tejiendo las historias en las que hay hilvanes entre pasado y presente, entre lo fantástico y lo maravilloso, entre lo que fue y lo que pudo haber sido. Quienes leemos, al embarcarnos en la historia rimada o en prosa, significamos y resignificamos a partir de nuestras propias historias y de nuestra memoria, individual y colectiva. Memoria que, sobre los mismos acontecimientos, es distinta de una persona a otra porque, al estar atravesadas por las emociones, las fantasías, las alegrías y los miedos, construimos relatos diferentes según los puntos de vista sobre los mismos acontecimientos, y esto es la piel de la memoria. Son distintas formas de tejer historias.


 

La poesía y la música

«La poesía recupera para el hombre ese estado de adivinanza perpetua, y es por eso que el mundo parece perder sus vestiduras de siempre, y desnudo se nos presenta para ser descubierto y amado en su incertidumbre e imprevisibilidad.»
Carranza (2024:72


El lenguaje poético celebra, desafía, acoge, acuna, mece... es una forma de búsqueda, de preguntar, con lenguaje a veces cercano y familiar, y otras veces no tanto. Varios poemas, algunos musicalizados y otros no, vienen a la memoria, ya que el contacto con poesía tiene su inicio en fuentes de transmisión oral; retahílas, poesía, canciones, nanas.
Entre las retahílas que pasan de generación en generación, nos encontramos con:

«Que llueva,
que llueva
la vieja está en la cueva
los pajaritos cantan
la vieja se levanta.»

Entre las poesías musicalizadas, que pasan de generación en generación, nos encontramos con una canción que venimos cantando hace décadas y fue publicada por una editorial.

«Cucú, cucú, cantaba la rana.
Cucú, cucú, debajo del agua.
Cucú, cucú, pasó un caballero.
Cucú, cucú, con capa y sombrero.
Cucú, cucú, pasó una señora.
Cucú, cucú, con traje de cola. (...)»

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También recordamos a La Chivita:

«Sal de ahí Chivita,
Chivita Sal de ahí de ese lugar
Vamos a llamar al perro
Para que saque la chiva
Vamos a llamar al perro
Para que saque la chiva
El perro no quiere sacar la chiva
La chiva no quiere salir de ahí (...)»

Este poema ha sido musicalizado por el grupo uruguayo Canciones para no dormir la siesta, surgido a mediados de la década de los setenta, y en 2021 fue llevado a formato libro. 

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Se trata del lenguaje poético para divertirse, para jugar y hacer las mímicas   de cada personaje y de cada gesto, para aprender de memoria para repetirlo en el juego de manos. La poesía contribuye al aprendizaje de ritmos y rimas, de sonidos y también de silencios, y melodías. «La integración combinada del sonido y el silencio, realizada por los códigos verbal y musical, constituye una matriz de las formaciones poéticas, de la poesía en sí misma.» (López, 2015:41)

En los versos que nos dejó Eduardo Mateo, nos encontramos con aquellas estrofas de Príncipe azul, con las que nos hizo dormir nuestra madre, nuestro padre, nuestra abuela o nuestra tía, y las que les hemos sabido tararear a nuestros hijos, hijas y a los hijos e hijas de familiares y amistades.

«Sueñas el príncipe azul 
Nena chiquita eres tú 
Luna de queso tendrás 
Donde la luna saldrá

Suenan las doce y tendrás 
Zapatitos de cristal 
Príncipe azul ya vendrá 
Ratoncitos lo traerán
 
Cuando despiertes del sueño 
Ya no tendrá Luna el cielo 
Debes buscar ese beso 
Ahaa»

 

En estos versos encontramos al príncipe azul, aquel príncipe de los cuentos maravillosos, ese personaje memorable, que fue parte de Blancanieves y de La Cenicienta, entre otros. Son versos que acunan y mecen a las infancias, desde antes de nacer, a la vez que desafían a la memoria a no olvidar aquella canción que generación tras generación nos han tarareado y hemos tarareado, y que ellos y ellas usarán como refugio de palabras para otras y otros

Entre el legado de Julio Cortázar se encuentra un poema escrito en 1944, titulado “Hansel y Gretel” (Cortázar, 2025:541). Es otra forma de acercarnos al cuento clásico.

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Hansel y Gretel

Hansel y Gretel buscando tamarindos por el valle
pasan por pueblos de hormigas y congregaciones de ardillas,
equivocan la invocación a una corza y se les huye rauda,
los niños sollozando beben almíbar de un manantial redondo

Hansel y Gretel quisieron estar de vuelta con gran discurso de chimeneas y hogaza caliente,
ahora que por los bosques anda un paso profundo
de ogros melancólicos y hechiceras en triciclo.

La hueca cantimplora rebosa con las lágrimas de Gretel
y Hansel siente cómo el asta del puñalito se le deslíe en la mano.
El nombre de la noche cuelga de las bayas rumorosas
y el mamboretá que los contempla parece profetizarles algo.

Esperarán fuera del bosque que los rescate la mañana,
abrigándose y dolidos se estrechan para olvidar el frío.
de un cielo indiferente, y porque la nieve tiene hoy descanso,

va cayendo sobre los niños muertos una multitud de pastelillos de azúcar.

¿Por qué seleccionar poesía entre las obras que elegimos para la infancia? Porque la musicalidad, el ritmo y la rima les son cercanos, escuchan cantar desde mucho antes de nacer, y sus primeros balbuceos son las primeras expresiones orales dotadas de tonalidad y de ritmo. Además, tanto la poesía como la literatura tienen una característica de relevancia en especial pensando en las infancias, están libres de «...las formas anquilosadas, de las ideas heredadas, de las convenciones que entorpecen nuestra aproximación al mundo y a nosotros mismos» (Carranza, 2024:70).
 

Referencia bibliográfica
ALBISU VIACAVA, Leticia (2020): “Literatura e infancia” en QUEHACER EDUCATIVO, Nº 160 (Junio), pp. 21-25. Montevideo: FUM-TEP.
ALBISU VIACAVA, Leticia (2025): “Literatura infantil: elogio de la memoria” en La Diaria, 11 de julio. En línea: https://ladiaria.com.uy/opinion/arti-culo/2025/7/literatura-infantil-elogio-de-la-memoria/
ANDRUETTO, María Teresa (2015): La lectura, otra revolución. Buenos Aires: FCE.
BENEDETTI, Mario (1987): Yesterday y mañana. Montevideo: Arca.
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CORTÁZAR, Julio (2025): Poesía completa. Barcelona: Alfaguara.
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