Micaela Fraga Ciffone
Profesora de Literatura. Actriz.
«No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan, sino que pediría medio pan y un libro.»
García Lorca (2020:9)
Imaginar una escuela sin literatura infantil es un acto absurdo. Implica desproveerla de la imaginación, del juego, del conocimiento y de la libertad. Según Candido (1995), la literatura es un derecho humano. La ficción forma parte de nuestra vida cotidiana en sus múltiples formas, ya sea a través de un libro, una anécdota o el relato de un sueño; es tan indispensable como la comida, la vestimenta, la salud. La literatura nos humaniza y, por tanto, pensar una escuela sin ella implica una mutilación
de nuestra propia humanidad.
El rol de la escuela en la democratización del saber y el contacto con el arte es fundamental. Los docentes tenemos la responsabilidad de incluir a los niños y a las niñas en la cultura letrada, y la literatura infantil es el ingrediente principal para llevar adelante tamaña empresa. A lo largo de los años, las propuestas destinadas a vincular las infancias con la literatura han tomado diversas formas. En la actualidad, las líneas de investigación nos demuestran que la mediación de la lectura es una práctica fundamental para la formación de lectores y que el placer de la lectura no es innato, se estimula, se promueve, se enseña. A propósito de esto, Felipe Munita, investigador y especialista en la mediación de la lectura, hace referencia a que «...el famoso “placer de leer” que se quería natural y espontáneo, nace raramente del contacto directo y único con el libro, pues existen una serie de mediaciones por las cuales ese placer se construye» (Munita, 2014:41).
Los docentes somos conscientes de que, en muchas ocasiones, el único contacto que los niños y las niñas tienen con los libros es a través de la escuela. De este modo, es la escuela pública la que garantiza la circulación de ciertos contenidos culturales que no forman parte de la vida cotidiana de todos ellos. Y si bien esto denota una crisis cultural que es consecuencia de las condiciones materiales en las que vive la población más vulnerable, nos proponemos con admirable empeño llenar ciertos intersticios que diluyan la brecha. Un ejemplo es este compendio de textos de literatura nacional.
El mundo editorial de la literatura infantil ha crecido de forma exponencial en esta última década, desde las reediciones de los clásicos y sus múltiples versiones, hasta una nueva literatura destinada a un público infantil que explora géneros y formatos. La poesía, el libro álbum, el cuento ilustrado invaden las librerías nacionales y del mundo. No es que antes no existiera; es que en este mundo globalizado y plagado de dispositivos electrónicos, el libro infantil sigue teniendo su magia y aumenta día a día un público lector ávido, con deseos de sumergirse en la experiencia estética que la literatura brinda.
Por tanto, nos proponemos compartir ciertas lecturas que nos parecen indispensables no solo para acompañar la selección de literatura infantil que llevamos al aula, sino para brindar un corpus nacional de literatura de calidad que forme parte de nuestro acervo cultural docente.
He aquí una selección de literatura nacional, de distintas épocas y regiones, que explora nuestra identidad con una profunda y exquisita sencillez. Desde Francisco Espínola a Fabián Severo, desde Gabriel Núñez Rótulo a Juana de Ibarbourou, una invitación a recorrer los rincones de nuestro país que hacen de nosotros lo que somos: una recopilación que nos alimenta, una literatura como pan.
Micaela Fraga Ciffone
Profesora de Literatura. Actriz
