Transitar a través de diversos textos literarios nos permite reflexionar acerca del lugar que ocupan los juegos y los juguetes en el arte.
Recrear o traer a la memoria juegos y juguetes que son o han sido parte de las infancias en diversas épocas, es una forma de facilitar la comprensión del presente y revalorizar el tiempo y el espacio de juego como oportunidad de socialización y desarrollo personal.
El juego, cuyo propósito es la diversión y el entretenimiento, es una actividad lúdica que se puede realizar tanto en forma individual como colectiva. Se relaciona con la recreación y el ocio, aunque en muchos casos adquiere valor educativo ya que constituye una herramienta de gran valor para facilitar aprendizajes de manera amena y atractiva.
La palabra juego, proviene del latín iocus, que significa “broma”, “diversión”. El término lúdico, que es definido por la RAE como “perteneciente o relativo al juego”, proviene de la voz latina ludus cuyo doble significado hace referencia a “juego” y “diversión” pero también a “ejercicio preparatorio”.
En la antigua Roma, a los grandes festivales públicos que involucraban actividades teatrales y circenses se los llamaba ludia, al igual que a los ejercicios que se realizaban para aprender a tocar algún instrumento o para el entrenamiento militar.
«Todo juego es, antes que nada, una actividad libre. [...] El juego no es la vida “corriente” o la vida “propiamente dicha”. Más bien consiste en escaparse de ella a una esfera temporera de actividad que posee su tendencia propia. Se juega dentro de determinados límites de tiempo y de espacio. [...] Agota su curso y su sentido dentro de sí mismo. [...] El juego cobra inmediatamente sólida estructura como forma cultural. Una vez que se ha jugado permanece en el recuerdo como creación o como tesoro espiritual, es transmitido por tradición y puede ser repetido en cualquier momento, ya sea inmediatamente después de terminado (...) o transcurrido un largo tiempo.» (Huizinga, 2007:20-23)
Es a partir de este concepto que identificamos algunas características del juego, entre ellas su carácter voluntario, la presencia de reglas propias, el establecimiento de límites y el involucramiento de uno o más jugadores. En sus diferentes formas, el juego cumple un rol fundamental en la formación temprana
de diferentes especies.
En el caso de los niños favorece la socialización y contribuye al conocimiento de la realidad, ya que involucra al niño en situaciones desafiantes que lo interpelan, lo invitan a resolver problemas o a vincularse con los demás.
En la edad adulta, el juego también representa una oportunidad de socialización puesto que habilita el disfrute, refuerza los vínculos y distrae la mente de las actividades cotidianas.
