Pasar al contenido principal
Febrero del 2023
¿Se cumplen todos los derechos humanos para toda la población mundial?
A 74 años de la Declaración Universal de Derechos Humanos
Portada

Víctor Brindisi

Víctor Brindisi

Maestro

1

La Declaración Universal de Derechos Humanos es un documento declarativo proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su resolución 217 (III) del 10 de diciembre de 1948 en París (Francia). La declaración consta de un “Preámbulo” que la fundamenta y de treinta artículos que determinan los derechos humanos considerados básicos a partir de la Carta de las Naciones Unidas, conocida como Carta de San Francisco, firmada el 26 de junio de 1945.
En el “Preámbulo” se determinan dos conceptos fundamentales de esos derechos: «...el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana...».
Se reconoce que el texto está inspirado en la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 (legado fundamental de la Revolución Francesa). A partir de la Declaración Universal de Derechos Humanos, a la cual se le otorga un importante valor orientativo, se han elaborado los Pactos, que son los tratados internacionales que obligan a los Estados firmantes a cumplirlos. Al conjunto de esta Declaración y dos Pactos Internacionales1 se le ha denominado la Carta Internacional de Derechos Humanos.

2

Debemos señalar las dramáticas circunstancias que rodean la situación actual en el planeta, que vulneran los derechos fundamentales de una parte importante de su población.
a.    Las guerras y los conflictos violentos que se desarrollan en diversas regiones, comenzando por la condenable invasión a Ucrania por Rusia, además de Palestina, Irak, Siria, Yemen, donde matan a hombres, mujeres y niños, y obligan a emigrar huyendo de la situación.
b.    La extrema pobreza, radicada en amplias regiones de África, Asia, América Latina, supera la cifra de más de ochocientos millones de seres humanos que pasan hambre, frío, enfermedad. Más de ciento cincuenta millones de niños y adolescentes trabajan en el mundo, muchos de ellos en condiciones de explotación.
c.    La inmoral carrera armamentista que, liderada por las grandes potencias mundiales y los países desarrollados, destina recursos millonarios para la fabricación de armas, recursos que –si fuesen destinados a otros fines– cambiarían la suerte de la humanidad. En 2021 se superaron los dos billones de dólares.
d.    El creciente deterioro de nuestro planeta, debido a una también creciente crisis climática provocada por la contaminación generada por las grandes potencias industriales y comerciales, que no asumen sus responsabilidades no obstante las promesas en los eventos mundiales.
e.    No podemos dejar de comentar las dramáticas circunstancias de las crecientes olas migratorias. El número de personas en el mundo que desean emigrar a otros países se estima en casi mil doscientos millones, que representa el 15% de la población mundial. Este número es casi cuatro veces mayor que los inmigrantes que hubo en 2020. Más allá de que la propia Declaración Universal de Derechos Humanos establece derechos migratorios, es muy difícil que puedan ejercerse tales derechos en las condiciones existentes debido al crecimiento explosivo de la migración.

3

A 74 años de la Declaración Universal de Derechos Humanos, expondremos unas reflexiones finales para posicionarnos como educadores, como trabajadores, como ciudadanos, ante el panorama actual.
→ No podemos aceptar con resignación ni guerras, ni invasiones, ni conflictos violentos.
→ Debemos oponernos permanentemente a la fabricación, venta, amenaza y utilización de las armas nucleares, que ponen en peligro la existencia misma de la humanidad.
→ No debemos aceptar un orden económico injusto para los países pobres, que los condena al subdesarrollo.

4

La respuesta a estas interrogantes, la actitud a asumir, se pueden reflejar en palabras del gran maestro brasileño:

«No solo soy objeto de la Historia, sino también su sujeto. En el mundo de la Historia, de la cultura, de la política, no constato para adaptarme, sino para cambiar. En el mundo físico, mi constatación no me conduce a la impotencia. (...) Al constatar nos volvemos capaces de intervenir en la realidad, tarea incomparablemente más compleja y generadora de nuevos saberes que la simple adaptación a ella. También por eso no me parece posible ni aceptable la posición ingenua
–o peor, astutamente neutra– del que estudia, ya sea el físico, el biólogo, el sociólogo, el matemático o el pensador de la educación. Nadie puede estar en el mundo, con el mundo y con los demás manteniéndose neutral. (...)
¿Estudio para obtener qué beneficio? ¿A favor de quién? ¿Contra qué estudio? ¿Contra quién?» (Freire, 2012:100)

 

  • 1Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.
Referencia bibliográfica
FREIRE, Paulo (2012): “Alfabetización y miseria” en Pedagogía de la indignación. Cartas pedagógicas en un mundo revuelto, pp. 95-107. Buenos Aires: Siglo XXI editores.