Carlos A. Pérez Pariani
Profesor de Educación Física. Especialista en Educación Física y Deporte Escolar. Director Coordinador de Educación Física, Jurisdicción Centro.
Lucía Victoria Pena Fusario
Profesora de Educación Física. Profesoras del CEIP, Jurisdicción Centro.
Mariel Galli Quinela
Profesora de Educación Física. Profesoras del CEIP, Jurisdicción Centro.
Valeria Kuzel Echevarría
Profesora de Educación Física. Profesoras del CEIP, Jurisdicción Centro.
«...Pero él, que había empezado jugando por el placer de jugar, en las calles de tierra de los suburbios, ahora juega en los estadios por el deber de trabajar y tiene la obligación de ganar o ganar.» Galeano (2006:3)
Hay una frase que reúne todas las características que la pueden identificar como un “cliché”: “el fútbol es pasión de multitudes” y es que segura- mente se trate de uno de los deportes más populares del mundo. No es novedad que en la actualidad ha alcanzado unas dimensiones inimaginables, y se ha convertido en el gran espectáculo de nuestros tiempos, en un negocio sumamente lucrativo y, por lo tanto, sostenido por grandes intereses económicos del planeta.
El fútbol está presente de forma cotidiana en el imaginario colectivo, e incluso en el modo de expresión y comunicación de las personas. Es muy frecuente escuchar en el lenguaje cotidiano, “este es un buen partido”, “sos un penal” o portate bien porque “te saco tarjeta roja”. En este deporte se han naturaliza- do por una parte de la sociedad, las transgresiones a las reglas, el negocio, la popularidad de las grandes estrellas, la violencia, entre otros aspectos. No hay que olvidar que el fútbol es una construcción social y como tal anidan en él mitos, creencias y estereotipos, y los medios masivos de comunicación juegan un papel central en el sentido de que dan cuenta de una creciente agresividad. Para la promoción de diferentes espectáculos hacen alusión a un choque, una justa, guerra, batalla, etc., en la que el derrotado es destruido y condenado al olvido, y los ganadores en cambio son los grandes constructores de una historia gloriosa casi comparable a la gesta de los héroes de la patria.
En torno a estas conceptualizaciones, y refiriéndonos al fútbol profesional, al fútbol espectáculo, los protagonistas son muy pocos con relación a los muchos espectadores; como bien lo dice Galeano (ibid.), “fútbol para mirar”. Marketing, derechos de televisación y de imágenes, compra y venta de jugadores, construcción de grandes estadios, árbitros, hinchadas, industrias como las de la indumentaria deportiva son solo algunos de los aspectos que circundan el mundo “fútbol”, esos que Devís Devís (1997:142) ha dado en llamar «valores extrínsecos o instrumentales» del deporte, o sea, valores cuya finalidad está fuera del mismo.
Cabe preguntarse entonces si representa un riesgo traer a la escuela esos valores instrumentales que representan y tienen como modelo al fútbol profesional, y de qué manera influyen en los aprendizajes de los escolares.
Podríamos encontrar respuestas en el hecho de que el fútbol también es un bien cultural, que constituye una expresión muy popular y singular en el país. Por su historia y tradición es una de las características de la identidad nacional que a nuestro entender merece ser llevado a la escuela, ya que contiene saberes dignos de ser puestos en circulación.
De más está decir que es una práctica con un componente motivacional por excelencia. No en vano han aparecido a lo largo de la historia muchos juegos y deportes derivados del fútbol. Algunos de ellos son el fútbol 7, fútbol 5, de salón, beach, gaélico, futgolf, fútbol tenis, fut-voley, fútbol para ciegos, el “futbolito”, fútbol a tres bandas, fútbol burbujas, jorkyball, showball.
Centrándonos ahora en la realidad de la escuela y tomando en cuenta que el programa escolar vigente tiene una marcada tendencia hacia un paradigma crítico-emancipatorio, se han ido apreciando cambios auspiciosos en este sentido. De igual manera se ha constatado que paulatinamente se van dejando atrás aquellas prácticas con una tendencia a privilegiar la enseñanza de la técnica sobre la táctica.
Sin embargo es necesario admitir que persiste una tensión por mantener la tendencia hegemónica del deporte, que tiene una lógica explicación en la formación conservadora de muchos docentes y en la influencia que ejercen las federaciones depor- tivas locales (Jackson, Jones y Williamson, 1982 apud Devís Devís, 1997:143). Esta realidad tiende a conservar y perpetuar ciertas prácticas como la búsqueda del rendimiento y de la eficacia. Estas prácticas faltas de resignificación y visión transformadora se asemejan más al adiestramiento que a la enseñanza.
Pero analicemos ahora esa otra cara, la que el propio Devís Devís (idem, p. 142) refiere como los valores considerados «intrínsecos» y «...que poseen una finalidad en sí mismos», por lo tanto de alto valor educativo. Son aquellos contenidos que puestos en escena son capaces de estimular la reflexión con consecuencias transformadoras, la capacidad de adaptación a nuevas circunstancias, la posibilidad de hacer frente a los desafíos que se presentan abordados desde experiencias lúdicas.
Igualmente es necesario que se entienda que la idea no es descartar los valores extrínsecos, ya que son inherentes al deporte, sino saber cómo abordar- los a la luz de una visión crítica y emancipadora.
Si volvemos al programa escolar, nos interesa traer a consideración dos aspectos centrales. El primero refiere al deporte: «Desde la escuela es necesario construir un concepto nuevo: jugar el deporte» (ANEP. CEP, 2009:242), despojarlo de las tensiones competitivas, donde se prioricen los aspectos tácticos sobre los técnicos. El otro aspecto hace a una concepción de integralidad que es importante destacar: «Considerar el deporte como saber a enseñar implica analizar todos los comportamientos humanos que moviliza; lúdico-motrices, físicos, psíquicos, relacionales, éticos, expresivos y comunicativos» (ibid.).
Partimos del concepto de que el deporte constituye una construcción socio-histórica que, en este caso particular, tiene su concreción en el ámbito de la escuela pública uruguaya.
«El deporte, como otros elementos de la cultura, al ser absorbido por la escuela precisa pasar por el proceso que se llama transposición didáctica (transformación didáctico-pedagógica, Kunz, 1994), esto es, se hace necesario tornar a los saberes en saberes escolarizados, vale decir, convertirlos en el deporte de la escuela.» (Bracht y Caparroz, 2009:67)
El fútbol calle es un intento por recuperar las raí- ces del fútbol de “potrero”, más identificado en nuestro país como fútbol de “campito”, caracterizado por tener participantes que juegan por jugar, de manera libre y desinteresada, autorregulada y en un clima de respeto mutuo.
En este sentido, el famoso jugador de fútbol a nivel mundial, Johan Cruyff, dice: «En mis tiempos, la academia más popular para descubrir los secre- tos de este deporte era la calle. Los niños a los que nos gustaba jugar a la pelota con los pies aprendíamos en las calles y plazas de nuestros barrios» (Cruiff, 2002)
«“El fútbol es una herramienta de integración fundamental, porque ya todos lo tienen adquirido, y porque crece en todos lados. Es una herramienta de intervención porque es popular”.
“Es sólo una bola, es sólo una circunferencia material, pero ¡qué diferencia que hace! (...)
Cualquiera que participe del Fútbol Callejero sabe del verdadero valor que ella transmite.”»
(Rossini et al., 2012:111)
Hay que valorar que el ingreso del fútbol a la escuela da lugar al acercamiento de los niños, sin importar el contexto, pone en “juego” a aquellos en situaciones de vulnerabilidad y otros de contextos favorables con características muy diferentes, pero hermanados en un juego que los amalgama.
«El carácter popular del fútbol no sólo actúa como un poderoso elemento de convocatoria, sino que habilita, además, mucho más que otras herramientas de intervención comunitaria...» (ibid.)
El fútbol callejero es una metodología de juego, es una propuesta con una visión transformadora a nivel comunitario. Es una estrategia para crear y acompañar procesos de aprendizaje e inclusión social, el respeto y valoración de la diversidad, y la resolución de conflictos de manera dialogada. También constituye una excelente estrategia para la construcción de ciudadanía, y de las relaciones interpersonales e interculturales.
En este fútbol juegan varones y niñas juntos, lo que de alguna manera pone sobre la mesa el enfoque de género. No existe la figura arbitral pero sí la de un moderador, y tal vez el aspecto central de la metodología que es una instancia de diálogo previo, intercambio de pareceres entre los equipos donde los jugadores establecen las reglas de juego. Es el momento en que, a través del diálogo e intercambio de ideas, los jugadores constatan la realidad de diversos aspectos como la conformación de los equipos, el espacio y el tiempo de juego, y toman decisiones que serán fundamentales para el desarrollo del juego desde el punto de vista reglamentario.
El juego valora no solo los goles, sino el respeto por esas reglas y los acuerdos alcanzados previamente. Al final de los partidos, los equipos vuelven a instalar una instancia de diálogo con la ayuda de un moderador o mediador. En esta instancia, a la luz de los acuerdos previos, se verifica el cumplimiento del reglamento acordado previamente. Constituye una instancia de autoevaluación y evaluación grupal, se revisa y analiza el proceso vivido, es un momento para la reflexión grupal e individual, y para la toma de una decisión crucial: el ganador del partido. La victoria no está relacionada únicamente con los ta- lentos deportivos o la habilidad para el juego, sino a partir de la constatación y el reconocimiento de todos los jugadores de que se dieron las condiciones para que hubiera un ganador que surgió porque se jugó, se respetó y se ganó.
Es de destacar que esta decisión se realiza por consenso, y la mediación tiene una participación vital, es un facilitador de diversas interacciones y utiliza los diferentes “emergentes” que van surgiendo como una instancia privilegiada para el aprendizaje. Es el momento en que entran en juego valores como el respeto, la solidaridad y el compañerismo, y la capacidad de empatía; como la equidad de género, que promueve la participación de las niñas junto a los varones y en igualdad de condiciones; como el de inclusión, reconociendo e incorporando las diversidades.
El fútbol como elemento convocante y la educación popular fueron puestos al servicio de la emancipación de la comunidad, rasgos estos extensivos a la experiencia del fútbol callejero.
El fútbol callejero, tal como se lo conoce, tiene sus inicios como una experiencia con visión colectiva, con una fuerte impronta comunitaria; una experiencia que se fue construyendo desde el barrio Moreno de la Provincia de Buenos Aires (Argentina).
Muy pronto se empieza a replicar en muy di- versas localidades de América Latina, en Villa Salvador en las cercanías de Lima (Perú), en el Chaco Paraguayo (Paraguay), la comunidad de Cerro Navia de Santiago de Chile (Chile). Acá, en Uruguay, las primeras experiencias se realizan por medio de Mundo Afro en el Departamento de Rivera, la Corporación Ser Paz (Ecuador), la organización Formação (Brasil), EPROCAD (Brasil), la Asociación Civil Grupo CreArte (Argentina), la Fundación Fútbol por la Vida (Costa Rica) y el Proyecto CHIGOL (Chile).
Desde el año 2004, paralelamente al mundial organizado por la FIFA, también se juega el mundial de fútbol calle.
Asimismo se creó una organización conocida como “Homeless World Cup” (HWC) que realiza campeonatos mundiales anuales y que, si bien tiene una lógica muy similar al fútbol calle creado en Argentina, tiene cambios significativos. Entre ellos es que ya existe un reglamento preestablecido.
El fútbol calle es adoptado por algunas escuelas en el abordaje del contenido deporte escolar, sin dejar de tener en cuenta que se trata de “deporte” y mantiene las características centrales de los deportes. Por lo tanto serán considerados no solo los aspectos técnicos, tácticos y reglamentarios, sino el hecho de que conserva una cualidad vital: el agonismo (enfrentamiento, lucha, disputa). Pero la singularidad del fútbol callejero está marcada por una elaboración del propio deporte, existe una construcción colectiva tan cambiante como cada partido que se juega.
Al mismo tiempo habilita la reflexión de y con los docentes, niños y niñas sobre los diferentes aspectos del fútbol profesional-espectáculo.
Al momento de pensar cómo enseñar el fútbol callejero de la escuela, nos planteamos dos enfoques
que incluso han surgido o se han visto desarrollados por los propios docentes de las escuelas.
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Un enfoque global de acuerdo a lo ya conocido por todos sobre el deporte fútbol como parte de la cultura uruguaya. A partir de ese saber previo se buscan los cambios en el formato, contenidos y reglamentos.
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Un enfoque estructural que, basado en la pro- puesta de Bayer (1992:52) sobre las constantes que aparecen en todos los juegos deportivos y una lógica de funcionamiento que los caracteriza, realiza una modificación de las mismas lo que permite la reflexión y el aprendizaje del deporte. Se toma el estudio de la lógica interna como punto de partida del aprendizaje. Las constantes que plantea son la pelota, el terreno de juego, las metas, el reglamento, los compañeros y los adversarios.
Algunos de los principios y valores del fútbol callejero que podrían ser trabajados en las escuelas:
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Tiene como misión construir ciudadanía, defender los derechos humanos y de la naturaleza, abogar por la justicia, promover una sociedad inclusiva y reconocer la diversidad cultural, étnico- racial y de opciones.
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El fútbol calle es una forma de conceptualizar y entender el fútbol como una estrategia para crear y acompañar procesos de aprendizaje e inclusión social, recuperar los valores humanos, impulsar el desarrollo de liderazgos y generar procesos comunitarios solidarios de transformación.
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Se compromete a bregar por la justicia e inclusión social, el respeto y valoración de la diversidad, la educación liberadora, la gestión de conflictos de manera dialogada, el respeto por los derechos de la naturaleza, y el valor de los encuentros y las relaciones interpersonales e interculturales.
La llegada a una escuela de Villa Española
Al momento de pensar el contenido deporte colectivo –y en esa selección, el fútbol– a priori podría pensarse en un recorte un poco simplista pues en el barrio es un saber que circula al alcance de su mayo- ría, ya sea institucionalizado por escuelitas de fútbol o por practicarlo en diferentes espacios públicos. Es, sin ir más lejos, uno de los primeros juegos/deportes que eligen los estudiantes para sus momentos de esparcimiento.
Por esto los docentes nos preguntamos: ¿Por qué enseñar fútbol en esta escuela? ¿Qué enseñar de un saber fuertemente arraigado y construido en dicha comunidad? ¿Cómo democratizar el deporte para todos sus participantes?
Con afán de dar respuesta para la conformación del abordaje del deporte escolar aparece la modalidad FÚTBOL CALLE cuyas características y particularidades detalladas en el apartado anterior responden a una lógica escolar propia de estos tiempos.
Es resaltando el valor comunitario del contenido que su abordaje se realizará coordinado entre las escuelas cercanas del barrio, ya que el territorio como espacio de convivencia es el mismo. Para fortalecer el vínculo con la comunidad y generar nuevas redes, nos pareció importante el relacionamiento con el club del barrio Villa Española a través de uno de sus jugadores referentes Santiago “Bigote” López. Jugador profesional de fútbol y activista social del barrio, promotor del lema “Cultura de barrio” que nuclea muchas actividades generadoras de cultura impulsando el sentimiento de pertenencia, fue uno de los formadores de una biblioteca de vestuario.
Allí, los deportistas tenían libros a disposición para generar la lectura por placer. La invitación del “Bigote” a la escuela tenía como principal cometido el acercamiento del deportista con los niños de la es- cuela a través del fútbol. Para ello, en la ronda inicial de la jornada abrimos el diálogo con Santiago, donde los niños pudieron hacerle diferentes preguntas e invitarlo a jugar con ellos a la par.
Una vez en marcha la actividad, él recorrió las diferentes estaciones donde continuaba el ida y vuelta con los participantes (niños, maestras y profesores). Se establecieron redes que dejaron en suspenso futuros encuentros interpelados por el fútbol y la lectura.
El trabajo con los niños se fue generando en paralelo con otra escuela del barrio. Al mismo tiempo se enseñaron los aspectos clave de esta modalidad: los tres momentos del juego donde, con el pasar de las clases, la sistematización dejó en evidencia la comprensión y la apropiación del contenido. El momento inicial en el cual se fueron estableciendo las reglas cobró dinamismo y autonomía en los participantes, creciendo cada vez más con los intercambios que se generaban vía correo electrónico entre las escuelas, originando así acuerdos comunes que culminaron con un reglamento en el encuentro final de la calle Algarrobo; escenario real del deporte.
El día de la jornada se establecieron tres espacios de trabajo donde los niños cambiaban por rotación y se combinaba el fútbol calle propiamente dicho con juegos aplicativos al mismo. Para darle cierre nos nucleamos en una ronda final, donde re- flexionamos sobre lo vivido e intercambiamos experiencias de los diferentes equipos.
Compartimos el recreo, brindando un tiempo “libre” en el que siguieron las charlas entre pares de las dos escuelas. Se crearon instancias en las que por medio del deporte se vivenció la posibilidad de ser escuchados todos por igual y se generó un clima de igualdad que apuesta a la construcción de ciudadanos libres, críticos y reflexivos con sus haceres.
La llegada a una escuela de Las Acacias
El fútbol calle llegó a nuestra escuela en un año muy particular, Mundial de Fútbol 2018 Brasil.
Es así que en un trabajo interdisciplinario junto al profesor de danza surgió el proyecto “Mundial
Possolo” que involucró a todo el colectivo docente y a la comunidad.
Se trabajó dicho deporte desde la dinámica del fútbol calle, logrando que los niños se apropiaran del juego de manera crítica, propiciando momentos de reflexión, de compañerismo, de toma de decisiones, de finalmente comprender el deporte desde un lugar de construcción.
Toda la escuela participó del evento, desde la creación de la mascota, la realización tanto de la ceremonia de apertura como de clausura, investigando los distintos países que participaban del Mundial, realizando carteleras, etcétera. En definitiva fue una experiencia que enriqueció a la escuela y dejó arraigada esta modalidad que los niños y niñas supieron capitalizar en el día a día y para experiencias futuras.
En el año 2019 retomamos el fútbol calle, pero ahora en un encuentro interescolar en el que participaron varias escuelas de la zona. La particularidad en esta instancia fue que salimos de nuestras escuelas para encontrarnos en un espacio común, referente del barrio, abriendo así nuestra experiencia a la comunidad.
El encuentro se realizó en Las Acacias, Esta- dio Cr. José Pedro Damiani, del Club Peñarol. La dinámica del juego ya era conocida por los niños y niñas, por lo cual fue momento de sumarle algo más a este encuentro. Así es que, al finalizar las diferentes actividades, participaron de un entrenamiento del fútbol femenino del Club Peñarol y, a su vez, realizamos un espacio de diálogo e intercambio con su entrenador y las jugadoras.
Encuentro en Las Acacias. Plantel Femenino Sub 16 de Peñarol. Participan tres escuelas del barrio.
Que el intercambio haya sido con jugadoras del plantel Sub 16 tiene un aporte aún más rico, si tomamos en cuenta que las diferencias en las carreras deportivas de mujeres y hombres siguen siendo abismales. Diferencias que van desde las oportunidades que se les brindan para llegar a ser
deportistas profesionales, las diferencias salariales hasta, por ejemplo, el tiempo que se le destina al deporte femenino en la televisión. Más aún si tomamos en cuenta que en nuestro país no se considera al fútbol femenino en la categoría de “profesional”, reclamo este que se viene planteando cada vez con más adhesiones y cuya resolución sería inminente.
Por tanto también es necesaria una mirada crítica del deporte, y en este caso del fútbol como un fenómeno social y cultural en el cual existe una marcada desigualdad de género. Asimismo, darles a nuestros niños y niñas la posibilidad de visualizar y tomar contacto con las deportistas abre espacio para la toma de conciencia, el cuestiona- miento y el camino a la construcción del deporte para todas y todos.
El encuentro en sí fue organizado de forma tal que se dividió la cancha en ocho sectores, en los cuales se realizaron juegos aplicativos y fútbol. En cada espacio se colocaron dos equipos, en total eran dieciséis. En las canchas pares se realizó fútbol ca- lle y en las impares los juegos aplicativos. El tiempo para las rotaciones fue de ocho minutos, incluía juego y reflexión.
Paralelamente, en las canchas impares se realizaron juegos con una lógica aplicativa al fútbol.
También contamos con el apoyo en recursos humanos del programa “Pelota al medio”, quienes desarrollan sus actividades en las escuelas participantes, trabajan con los mismos niños involucrados, conocen y están familiarizados con la propuesta.
El intercambio fue enriquecedor en todos los sentidos, los niños y niñas pudieron vivir el fútbol desde un lugar y una mirada diferentes. En encuentros de esta naturaleza se puede constatar que priman valores como el respeto, el compañerismo, la solidaridad, la integración, con el objetivo de compartir y disfrutar, dando así una resignificación a este deporte que está en las raíces de nuestra comunidad.
