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Octubre del 2019
Los portadores de texto en el primer nivel ¿Cómo transformarlos en fuentes de información?
nivel

Mariana Corujo

Mariana Corujo

Maestra. Posgrado en Educación Inicial y Primera Infancia (FLACSO Argentina).

Formadora del equipo de Educación Inicial de PAEPU

Paola Parodi

Paola Parodi

Maestra de Educación Inicial.

Licenciada en Ciencias de la Formación Primaria por la Universidad Milano-Bicocca (Italia).

Formadora del equipo de Educación Inicial de PAEPU

Introducción

Ferreiro (2010:64) considera a la alfabetización como un largo proceso que comienza mucho antes del ingreso a la escuela primaria, cuyo objetivo es la formación de ciudadanos que puedan circular con confianza, curiosidad y sin temor en el complejo entramado de la cultura escrita.
Esta forma de entender la alfabetización nos hace pensar en el rol que cumple la institución educativa como espacio que debe garantizar que todos los niños puedan participar de situaciones en que leer y escribir se transformen en prácticas con sentido.


La referencia a estas prácticas se hace en un sentido amplio, la lectura y la escritura no solo ligadas al sistema de escritura alfabético, sino también a las escrituras matemáticas. Una de las condiciones fundamentales para que estas prácticas estén orientadas por propósitos comunicativos, es decir, que respondan a situaciones reales, es la de promover, dentro de la escuela, espacios “alfabetizadores” de ambos sistemas de representación.


Nemirovsky (2009) promueve que estos espacios sean ambientes «donde los objetos y modos
de actuar, propios de la cultura letrada, estén presentes diariamente». La autora sostiene que al referirnos a los textos, debemos seleccionar aquellos de circulación social como: libros, revistas, periódicos, folletos y documentos. En este sentido, Ferreiro (1982:128) aporta que «la escritura existe inserta en múltiples objetos físicos en el ambiente...». Los objetos físicos que menciona esta autora son los llamados portadores de texto, pues el objeto físico “porta” lo escrito o constituye el soporte físico de la escritura. Es importante aclarar que la sola presencia de los textos y de los niños no transforma el aula en un espacio alfabetizador. Dentro de la amplia
gama de textos también se encuentran una serie de escritos que están circunscriptos a la realidad del aula como nombres propios, abecedario, banda numérica, calendario, grilla y banco de datos.

Para garantizar un uso apropiado de estos portadores como fuentes de información a la hora de escribir, es fundamental que los niños sepan qué dice cada uno de ellos. Aquí es donde entra en juego el rol del docente que debe lograr que estos textos “funcionen” dentro del aula, para que progresivamente los niños los puedan utilizar de manera autónoma.

Referencias bibliográficas